La salida del director de Operaciones de la FIFA, Kevin Lamour, el pasado 17 de agosto generó críticas de organizaciones de derechos humanos y sindicales, que advirtieron que su partida abre nuevos cuestionamientos sobre la gobernanza del máximo organismo rector del fútbol mundial.
Lamour se incorporó al equipo directivo de la FIFA en noviembre de 2024, después de haber formado parte del círculo cercano que respaldó la campaña de Gianni Infantino para asumir la presidencia del organismo en 2016.
Cabe recalcar que su salida ocurrió semanas después de que Lamour cuestionara públicamente el plan de Infantino para vender una participación en los derechos comerciales del Mundial y otros torneos.
Al respecto, Minky Worden, directora de Iniciativas Globales de Human Rights Watch, afirmó que la FIFA necesita más funcionarios dispuestos a cuestionar sus decisiones.
Asimismo, señaló que la organización tiene “un largo historial de incumplimientos de sus propias normas en materia de derechos humanos” y recordó la designación de Arabia Saudita como sede del Mundial de 2034, proceso que calificó como una “fingida diligencia debida”.
También destacó que Lamour y su equipo realizaron “esfuerzos de buena fe” para dialogar con defensores de derechos humanos y sobrevivientes de abusos, evaluar los riesgos asociados con las operaciones de la FIFA e intentar reparar algunas vulneraciones cometidas por el organismo o sus socios gubernamentales.
“La FIFA necesita más altos cargos dispuestos a asumir la responsabilidad y a rendir cuentas por sus deficientes sistemas de gobernanza, que conducen a catástrofes en materia de derechos humanos”, subrayó.
Por su parte, Andrea Florence, directora ejecutiva de Sport & Rights Alliance, consideró que la salida de Lamour evidencia la necesidad de una profunda reestructuración de la estructura organizativa “tóxica” de la FIFA.
También señaló que el exdirector de Operaciones desempeñó un papel clave en diversos avances en materia de derechos humanos dentro de la organización, entre ellos el reconocimiento oficial de la selección femenina de Afganistán y la defensa pública del periodista deportivo Christophe Gleizes, encarcelado en Arabia Saudita.
“Su marcha envía un mensaje escalofriante a toda la FIFA: no solo hay que obedecer y guardar silencio, sino que tampoco se tolerará ninguna disidencia”, afirmó.
Además, el secretario general de la Internacional de Trabajadores de la Construcción y la Madera, Ambet Yuson, describió a Lamour como un “socio constructivo” en materia de derechos laborales.
“Su destitución es un recordatorio más de que la crisis de gobernanza que azota a la FIFA amenaza con socavar la protección de los derechos humanos en el corazón del fútbol mundial”, advirtió.