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  • 17 Jun 2026
  • 18:06
  • SPR Informa 6 min

Villoros, pueblos, centro-periferia y Carlo Ginzburg

Villoros, pueblos, centro-periferia y Carlo Ginzburg

Por Jorge Armando Reyes Yescas

Juan y Luis Villoro.  La recomendación literaria de esta semana es Juan Villoro, comunicólogo, autor de más de una treintena de libros. En su obra Balón dividido, Juan menciona a su padre, Luis Villoro, filosofo, fundador de la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la UAM. Allí cuenta una anécdota de que su papá de vez en cuando iba al Estadio de Pumas, se sentaba cerca del túnel que conecta con los vestidores, y hacía que quienes lo rodeaban, se levantaran para festejar la entrada del equipo visitante. “¡Aplaudan, son nuestros invitados!” -decía con una cordialidad estrafalaria que, sin embargo, era obedecida.

Villoro recuerda a Roberto Fontanarrosa, quien escribió un relato llamado “El cielo de los argentinos”, donde unos amigos comparten un asado y hablan de futbol. De pronto, advierten que están muertos. Esto los hace muy felices: si han fallecido y comen carne mientras discuten sobre un partido, quiere decir que han ido al paraíso. 

Cierro la parte de Juan Villoro recomendándoles un libro que se llama “Yo soy Fontanarrosa”, que cuenta la historia de cuando Villoro fue a un municipio del Estado de México, y, por un mal entendido con un monumento a Benito Juárez, lo detuvieron policías municipales que, cosa extraña, eran juaristas recalcitrantes. Es un libro muy pequeño de la colección “Vientos del pueblo”, así que no me extiendo, al contrario, invito a leerlo.

Un pueblo mágico.  Tuve la oportunidad en estos días de visitar un pueblo mágico. Es interesante la manera en la que se viven estos días del mundial fuera de las grandes ciudades. En el pueblo mágico, gran cantidad de su población tiene sus actividades orientadas a recibir a los turistas: los trasladan por la mañana a un lugar para desayunar, en seguida a una atracción natural, por la tarde a comer y la tarde noche en eventos culturales en el centro del pueblo.

Me tocó presenciar un intercambio cultural de hablantes de náhuatl con hablantes de inglés. Con playeras de Australia, una familia intentó hacer entender que querían comprar un par de refrescos, pero no con ese inglés estadunidense al que estamos acostumbrados en México; tenían un acento distinto y con los jerseys, que me hacen suponer que venían de Oceanía. Una vez que, por señas, se lograron entender, el hablante de náhuatl pidió a sus compañeros que le acercaran “ome chescos”. Por fortuna yo sí entendí que “ome” significa dos en náhuatl.

Centro-periferia mundial. El mundial es para los jóvenes, una invitación a conocer el mundo. Tomar un álbum y llenarlo de estampas es muy gratificante, y más, si algún adulto les acercó un planisferio, en donde pueden admirar qué países colindan con Colombia, con Argentina, con Croacia, con Sudáfrica o con Corea. Si no tienen un planisferio a la mano, hoy existen aplicaciones con las cuales podemos explorar el mundo, y el mismo internet nos da los datos de la extensión territorial, la cantidad de población, las costumbres y tradiciones del lugar, lengua, religión y jugadores más destacados.

En estos días, busqué en dónde se encontraban Cabo Verde y Curazao, ¿cuántos habitantes tienen Costa de Marfil y Senegal? -33.4 y 19.4 millones respectivamente. Es muy interesante conocer el mundo por medio del futbol. Los países del centro futbolero del mundo son de sobra distinguidos:  Alemania, Argentina, Brasil, Francia, Inglaterra, España o Uruguay, pero el futbol da sorpresas, y es interesante admirar el desarrollo que han tenido Uzbekistán, Corea y Japón, lo que han crecido Arabia Saudita, Ghana, Irán e Iraq, las nuevas generaciones de jugadores de Paraguay y Colombia, o la realidad de países como Argelia, Haití, Escocia o Panamá. Decía Albert Camus que todo lo que sabía de moral, se lo debía al futbol; y yo, mucho de lo que sé de geopolítica, lo debo también al futbol.

Carlo Ginzburg (1939-2026): el pasado 16 de junio falleció Carlo Ginzburg, quien, en palabras de Carlos Antonio Aguirre Rojas, era el “historiador vivo más importante del planeta” (Contrahistorias, núm. 23, 2014). Autor del libro El queso y los gusanos (1976) que inauguró el modelo de investigación histórica conocido como “la microhistoria italiana”, que afirma que la cultura es un campo de batalla en donde se confrontan las culturas hegemónicas y las culturas subalternas. Es un modelo que hace una historia desde el punto de vista de los que han sido marginados, explotados y silenciados.

La microhistoria italiana inicialmente se inspiró en la microhistoria mexicana, es decir, la historia de los pueblos (historia local o historia matria) desarrollada en 1968 por Luis González y González con su libro Pueblo en vilo, según los escribió el mismo Ginzburg. Además, incorpora paradigmas metodológicos fundamentales: 1) cambio de la escala de análisis; 2) análisis intensivo y exhaustivo de hechos, personajes o territorios (por medio de descripciones densas); y el 3) el paradigma indiciario (capacidad de reconstruir hechos complejos a partir de detalles y huellas mínimos, inspirándose literariamente en la capacidad de deducción de Sherlock Holmes). “El historiador es, por definición, un cazador de indicios”.