Una cuenta generada con inteligencia artificial logró engañar a miles de usuarios afines al movimiento MAGA en Estados Unidos al hacerse pasar por una supuesta integrante del Ejército, en un caso que evidencia el uso de estas tecnologías para manipular audiencias, posicionar narrativas políticas y obtener ingresos en plataformas digitales.
El perfil, identificado como “Jessica Foster”, acumuló más de un millón de seguidores en un periodo aproximado de cuatro meses, con publicaciones en las que aparecía en contextos militares, junto a figuras públicas y en escenarios relacionados con conflictos internacionales.
Parte de su crecimiento estuvo impulsado por contenido alineado con el movimiento MAGA, incluyendo mensajes de apoyo al presidente Donald Trump, lo que le permitió conectar con audiencias conservadoras y ganar credibilidad dentro de ese entorno digital.
Especialistas y analistas detectaron diversas inconsistencias en el contenido difundido, entre ellas errores en uniformes militares, uso incorrecto de insignias, como portar nombre en lugar de apellido, y escenas poco verosímiles en las que el personaje interactuaba con líderes internacionales como Vladimir Putin y Volodimir Zelensky, sin evidencia que respaldara dichos encuentros.


Además del componente político, el caso evidenció un esquema de monetización. Tras consolidar su base de seguidores, la cuenta dirigía a los usuarios a plataformas de suscripción como OnlyFans, donde ofrecía contenido sexualizado. Parte de este material incluía imágenes de tipo fetichista, como fotografías centradas en pies, utilizadas para atraer suscriptores y generar ingresos.
De acuerdo con especialistas en desinformación digital, este tipo de perfiles responde a una tendencia creciente en redes sociales, donde personajes generados con inteligencia artificial combinan elementos de atractivo visual, narrativa política y contenido sugestivo para maximizar su alcance y captar la atención de audiencias específicas.
El modelo sigue una lógica clara: primero se construye una identidad atractiva y aparentemente creíble, después se viraliza mediante contenido alineado a temas de interés y finalmente se redirige a los usuarios a plataformas de pago.
Especialistas advierten que este tipo de contenidos puede contribuir a la cosificación de las mujeres en contextos militares, al presentar figuras femeninas hipersexualizadas que combinan estética atractiva con roles castrenses. Señalan que esta representación distorsiona la realidad del servicio y puede reforzar estereotipos de género.

Expertos advierten que los riesgos van más allá del engaño individual. Este tipo de cuentas puede escalar hacia esquemas coordinados de desinformación, con capacidad para influir en la opinión pública, amplificar mensajes políticos o actuar como redes de propaganda digital en contextos de alta tensión internacional.
También alertan que estos contenidos contribuyen a difuminar la línea entre lo real y lo artificial en internet, lo que puede erosionar la confianza de los usuarios en la información digital, dificultar la verificación de hechos y facilitar la manipulación a gran escala.

Tras la polémica en redes sobre Jessica Foster, el perfil fue eliminado de algunas plataformas por incumplir sus políticas, particularmente aquellas que exigen la verificación de identidad en servicios de suscripción.
El caso de “Jessica Foster” pone de relieve los desafíos actuales para la regulación de contenidos en internet, así como la necesidad de fortalecer mecanismos de verificación, transparencia en el uso de inteligencia artificial y alfabetización digital, ante un entorno en el que la tecnología facilita la creación de identidades cada vez más difíciles de distinguir de las reales.