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Sacuden EE.UU. e Israel el equilibrio en Medio Oriente con ofensiva conjunta contra Irán

Estados Unidos e Israel lanzaron este 28 de febrero una ofensiva militar de gran escala contra Irán, en el episodio más grave de confrontación directa entre Washington, Tel Aviv y Teherán en años, elevando el riesgo de una guerra regional abierta con implicaciones políticas, energéticas y estratégicas para todo Medio Oriente.

El presidente estadounidense Donald Trump confirmó el inicio de “operaciones de combate mayores”, afirmando que el objetivo es “eliminar amenazas inminentes del régimen iraní” y evitar que Irán obtenga un arma nuclear. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, describió la acción como un “ataque preventivo” destinado a neutralizar riesgos estratégicos para su país.

Poco después de las 09:30 hora local, medios iraníes reportaron explosiones en Teherán, incluyendo zonas cercanas a la Plaza Jomhouri y la Plaza Hassan Abad. También se registraron detonaciones en Karaj, Isfahán, Qom y Kermanshah. 

Imágenes verificadas muestran impactos a menos de un kilómetro del complejo de la Casa del Liderazgo, donde se ubica la residencia del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. Fotografías satelitales evidencian daños significativos en el área, aunque no se ha confirmado si el líder iraní se encontraba allí al momento del ataque.

La oficina del presidente Masoud Pezeshkian también habría sido alcanzada, aunque la televisión estatal aseguró que el mandatario se encuentra a salvo. Un funcionario militar israelí afirmó que fuerzas estadounidenses e israelíes ejecutaron una “amplia primera ola” contra “cientos de objetivos”, incluidos lanzadores de misiles balísticos, sistemas de defensa estratégica y reuniones de altos mandos iraníes. Según esa versión, “altos mandos iraníes habrían sido eliminados.

Irán no ha confirmado oficialmente el número total de víctimas, en medio de un apagón casi total de internet. Medios oficiales informaron que al menos 85 personas murieron tras un ataque contra una escuela primaria en Minab.

Teherán calificó la ofensiva como “ilegal e ilegítima” y respondió lanzando misiles no solo hacia Israel, sino también hacia Bahréin, Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, países que albergan bases militares estadounidenses. 

Explosiones fueron reportadas en Haifa, mientras que Bahréin confirmó que el centro de servicio de la Quinta Flota estadounidense fue atacado. Qatar aseguró haber interceptado proyectiles dirigidos contra su territorio, donde se ubica la base aérea de Al Udeid, la mayor instalación militar estadounidense en la región.

La expansión de los ataques hacia el Golfo marca un punto crítico, ya que involucra directamente a estados árabes aliados de Washington y amplía el teatro de operaciones más allá del eje Israel-Irán.

El trasfondo de esta ofensiva se remonta al prolongado conflicto en torno al programa nuclear iraní. En 2015, Irán firmó con Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania el llamado Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), que limitaba su enriquecimiento de uranio a cambio del levantamiento de sanciones. Sin embargo, en 2018, durante su primer mandato, Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo y restableció duras sanciones económicas contra Teherán.

Desde entonces, Irán ha incrementado progresivamente sus niveles de enriquecimiento de uranio, mientras insiste en que su programa tiene fines pacíficos. Washington e Israel sostienen que Teherán busca desarrollar capacidad para fabricar armas nucleares, algo que la República Islámica niega de manera reiterada.

En los últimos años, la confrontación se ha mantenido en gran medida a través de acciones indirectas: ataques contra instalaciones nucleares iraníes atribuidos a Israel, operaciones encubiertas, ciberataques y enfrentamientos entre milicias respaldadas por Irán y fuerzas aliadas de Estados Unidos en Siria, Irak y el Líbano. La ofensiva actual representa un salto cualitativo al implicar abiertamente fuerzas estadounidenses en territorio iraní.

Las declaraciones de Trump y del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sugieren además un componente político más amplio. Trump llamó a las fuerzas armadas iraníes a deponer las armas y ofreció “inmunidad completa” o enfrentar “muerte segura”, mientras instó a la población a “tomar el control de su gobierno”. Netanyahu, por su parte, pidió al pueblo iraní liberarse de lo que calificó como un régimen tiránico.

Estas expresiones apuntan no solo a objetivos militares, sino también a la posibilidad de debilitar o incluso precipitar un cambio en el liderazgo iraní, un escenario que podría desatar inestabilidad interna en uno de los países más influyentes de la región.

El impacto potencial va más allá del plano militar. Irán controla una posición estratégica cercana al Estrecho de Ormuz, por donde transita una parte significativa del petróleo mundial. Cualquier escalada prolongada podría afectar el suministro energético global y generar volatilidad en los mercados internacionales.

Con el cierre de espacios aéreos en varios países y la suspensión de vuelos internacionales, la región entra en una fase de alta incertidumbre. La magnitud real de los daños, el número de víctimas y la posibilidad de nuevas represalias siguen siendo inciertos, pero la jornada marca un punto de inflexión en la rivalidad entre Irán, Israel y Estados Unidos, con consecuencias que podrían redefinir el equilibrio de poder en Medio Oriente.

Aunque algunos líderes occidentales han defendido la acción como necesaria para la seguridad regional, la comunidad internacional ha expresado preocupación por la escalada y ha pedido soluciones diplomáticas para evitar una guerra de mayor alcance.