El primero de noviembre de 2025 fue asesinado Carlos Manzo, entonces alcalde de Uruapan, desatando una de las más fuertes emboscadas políticas y mediáticas en lo que iba del sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Unos meses después, fuerzas federales abatieron en Tapalpa, Jalisco, a Nemesio Oseguera, alias “El Mencho”, líder del CJNG, lo que derivó en una serie de bloqueos en carreteras de diferentes estados del país y generó una inmensa respuesta mediática y digital, pocas veces vista en nuestro país, basada en la difusión de fake news que, en un momento dado, resultaban imposibles de distinguir de la realidad.
Dos meses más tarde, el 29 de abril, la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York presentó cargos formales contra Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa, y contra otros funcionarios más. El resultado fue una crisis diplomática y política.
Primero, Rocha Moya pidió licencia temporal, pero en agosto decidió, a título personal, retomar la gubernatura. Esta situación marcó un antes y un después respecto a su relación con la Presidencia y con Morena, quienes rechazaron su decisión al afirmar que se ponderó el interés individual sobre el interés de la nación.
Mención aparte merece la compleja relación política, comercial y económica con Estados Unidos, cuyas respuestas parecen estar a merced de las decisiones improvisadas y unilaterales de su mandatario: Donald Trump.
Manzo fue una crisis de seguridad. El Mencho, una prueba para la capacidad operativa del Estado. Rocha, una crisis política dentro del propio movimiento. Y Trump ha convertido la relación con Estados Unidos en un ejercicio permanente de negociación.
Toda esta larga y descriptiva introducción no es fortuita: es la base para comprender el caótico año que ha sorteado la presidenta Claudia Sheinbaum en este segundo año de gobierno.
Con este complejo contexto, este segundo año de gestión de la presidenta resulta una épica epopeya, en la que ha enfrentado diferentes monstruos día tras día; ha vivido gestionando crisis y apagando incendios, todo esto sin descuidar en ningún momento las labores que tiene como representante popular de las y los mexicanos y avanzando en la profundización de programas sociales (Beca Mujeres Bienestar, por ejemplo), en la reindustrialización del país a través del Plan México, controlando la inflación en beneficio de la población (3.1% con datos de julio de 2026) y, sí, también, dándose el espacio de profundizar en agendas pendientes, como son la educativa y la de salud. Además, en junio de este año se registró que solo el 31.3% de la población vivía en situación de pobreza laboral, un nivel mínimo desde que se tiene registro.
Paralelamente avanzaba la agenda de seguridad, logrando un descenso histórico en los homicidios, con una reducción de aproximadamente el 51% en comparación con septiembre de 2024.
Frente a cada uno de estos monstruos, la presidenta ha respondido con estrategia, bajo la premisa de mantener siempre “cabeza fría”.
Esta epopeya tiene un destino: mantener la gobernabilidad del país y seguir mejorando las condiciones de bienestar y justicia para las y los mexicanos, sin olvidar, claro está, la máxima del movimiento que llevó a Claudia Sheinbaum a la Presidencia: por el bien de todos, primero las y los pobres.
En medio de un contexto lleno de monstruos internos y externos, es un respiro saber que existe la voluntad política de no evadirlos ni esconderse, sino de plantarles cara y enfrentarlos. No por ego, no por botín político, sino por congruencia, compromiso y lealtad al cargo que asumió en octubre de 2024.
¡Vamos por el tercer año!