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  • hace 11 horas
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Día mundial del Teatro 2026

Día mundial del Teatro 2026

Por Ana María Aparicio

El teatro, en cada manifestación teatral, pone al descubierto una verdad, hace todo por ella y porque lo sea, se sumerge en un universo tratando de encontrarla, de recrearla, de desentrañarla, en una constante y apasionada búsqueda de la llamada verdad, esa misma que también se le conoce entre especialistas del drama, verdad escénica. Y es que en realidad los espectadores -a veces sin saberlo- a eso van al teatro, a encontrar algo de verdad, algo de humanidad, a encontrarse con los otros y anhelosos, consigo mismos. 

El teatro, en sí mismo, pone de manifiesto la crisis de verdad en nuestra realidad. El creador teatral lo sabe y por eso se afana al teatro, como un bálsamo de mar. Su búsqueda por perfección estética, que no es más que, en términos comunes, una búsqueda por la verdad. Vivimos vidas donde constantemente encontramos dudosa, a esa que mandatan “verdad”, esa que se nos muestra, que se nos implora, que se nos ordena, en un mundo que constantemente la vulnera, la viola, la somete, la trastoca, la arrebata. Por ello muchas veces tenemos la sensación de haber encontrado más verdad en los escasos minutos de una obra de teatro, que en nuestra realidad misma. 

La falta de verdad ya ha puesto a la humanidad en un severo cuestionamiento ético, sin embargo, ahora se encuentra en un proceso de vulneración permanente, hacia su completa extinción. Se quisiera, además, que se naturalice su ausencia, cooptando a su aliada, la imaginación del individuo, para que no se le cuestione más. 

En consecuencia, es que en nuestra actualidad, el teatro resulta más vigente y necesario que nunca, porque por supuesto que nos referimos a esa imposición virtual que juega con la ilusión de conexión, de construcción de identidades irreales, de un mundo totalmente falsificado, intangible, para una absoluta ausencia de verdad, más que nunca puesta en evidencia.

En esta lucha por imponer la apariencia de verdad, cobra sentido la famosa frase evangélica “La verdad os hará libres”, ya que justamente vislumbrar esa libertad, es lo que se está diluyendo. En la era digital de la Inteligencia Artificial, entre más enajenado se esté, más encadenado. 

A propósito de ello, resulta pertinente compartir el importante Mensaje del actor y creador teatral, Willem Dafoe (EEUU) para el Día mundial del Teatro 2026i , que resulta acorde y muy oportuno a los tiempos que nos está tocando vivir:

“Soy actor, conocido principalmente como actor de cine, pero mis raíces están profundamente arraigadas en el teatro. Fui miembro de The Wooster Group de 1977 a 2003, creando e interpretando piezas originales en The Performing Garage, en Nueva York y realizando giras por todo el mundo. También he trabajado con Richard Foreman, Robert Wilson y Romeo Castellucci. Actualmente soy el Director Artístico del Departamento de Teatro de La Biennale di Venezia. Este nombramiento, los acontecimientos mundiales y mi deseo de regresar al quehacer teatral han reforzado mi convicción en el poder positivo y único del teatro y su importancia. 

En los humildes comienzos de mi etapa en The Wooster Group, la compañía con sede en Nueva York, solíamos recibir muy poco público en algunas de nuestras funciones. La regla era que, si había más intérpretes que espectadores, podíamos optar por cancelar. Pero nunca lo hicimos. Muchos de los miembros no estaban formados en artes escénicas, sino que provenían de distintas disciplinas que se reunían para hacer teatro; así que, “el espectáculo debe continuar” no era realmente nuestro lema. Sin embargo, sentíamos la obligación de mantener ese encuentro con el público. 

Con frecuencia ensayábamos durante el día y por la noche presentábamos el material como trabajo en proceso. A veces dedicábamos años a una obra mientras nos sosteníamos con giras de producciones anteriores. Trabajar durante años en una pieza podía volverse tedioso para mí, y los ensayos me resultaban a veces extenuantes; pero esas presentaciones de trabajos en proceso siempre eran estimulantes, incluso cuando el público reducido parecía un juicio contundente sobre el nivel de interés en lo que estábamos haciendo. Eso me hizo comprender que, sin importar cuán pocas personas hubiera, el público, como testigo, le daba al teatro su significado y vida.

Como dice el letrero en una sala de apuestas: “HAY QUE ESTAR PRESENTE PARA GANAR”. La experiencia compartida en tiempo real de un acto de creación, que siempre es diferente, aunque siga una pauta y diseño, sin duda es la fuerza más evidente del teatro. Social y políticamente, el teatro nunca ha sido tan importante y vital para la comprensión de nosotros mismos y del mundo.

El “elefante en la habitación” son las nuevas tecnologías y las redes sociales, que prometen conexión, pero aparentemente han fragmentado y aislado a las personas. Uso mi computadora a diario, aunque no tengo redes sociales; incluso he buscado mi nombre en internet como actor y también he consultado la inteligencia artificial para obtener información. Pero habría que estar ciego para no reconocer que el contacto humano corre el riesgo de ser reemplazado por relaciones con dispositivos. Aunque cierta tecnología puede ser útil, el problema de no saber quién está al otro lado del círculo de comunicación es profundo y contribuye a una crisis de verdad y realidad. Si bien el internet puede plantear preguntas, rara vez capta ese sentido de asombro que el teatro crea. Un asombro basado en la atención, el compromiso y una comunidad espontánea de quienes están presentes en un círculo de acción y respuesta.

Como actor y creador teatral, sigo creyendo en el poder del teatro. En un mundo que parece volverse cada vez más divisivo, controlador y violento, nuestro desafío como creadores teatrales es evitar que el teatro se corrompa reduciéndose únicamente a una empresa comercial dedicada al entretenimiento como distracción, o que se convierta en un mero preservador institucional de tradiciones. Más bien, debemos fomentar su fuerza para conectar pueblos, comunidades y culturas y, sobre todo, para cuestionar hacia dónde nos dirigimos…

El gran teatro consiste en desafiar nuestra manera de pensar y alentarnos a imaginar aquello a lo que aspiramos. Somos animales sociales diseñados biológicamente para vincularnos con el mundo.

Cada órgano sensorial es una puerta hacia el encuentro, y a través de ese encuentro logramos una definición más profunda de quiénes somos. A través de la narración, la estética, el lenguaje, el movimiento y la escenografía, el teatro, como forma de arte total, puede hacernos ver lo que fue, lo que es y lo que nuestro mundo podría ser.” 

No se pierdan la vasta programación gratuita que la Secretaria de Cultura tiene para ustedes, en todos los recintos teatrales de esta ciudad. 

¡Por un futuro teatral, feliz día mundial del teatro 2026!