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El examen más dificil lo tiene la UNAM

El examen más dificil lo tiene la UNAM

Por Rashid Pérez de la Peña

Para ingresar a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) solo hay dos formas: por pase automático y por examen de admisión. La primera requiere un promedio mínimo y haber concluido la preparatoria en alguna de las preparatorias de la UNAM, llámense Escuelas Nacionales Preparatorias o Colegio de Ciencias y Humanidades, conocidos como ENP y CCH, en el tiempo y forma requeridos por la licenciatura; y la segunda, a través de un examen de conocimientos de 120 reactivos de opción múltiple sobre conocimientos generales de preparatoria, cada licenciatura solicita un número mínimo de aciertos.

Hoy, lamentablemente, parece ser que se abrió una tercera forma: hacer trampa.

Actualmente, la UNAM brinda más de 130 licenciaturas, tiene centros de investigación en prácticamente todas las áreas del conocimiento, maestrías, doctorados, programas de movilidad que otorgan la posibilidad de estudiar en el extranjero y centros de idiomas extranjeros. Cuenta con nueve planteles de preparatoria y cuatro Colegios de Ciencias y Humanidades. Ciudad Universitaria es considerada Patrimonio Cultural de la Humanidad por su historia, cultura y arquitectura. Igualmente, cuenta con sedes alternas como Acatlán, Aragón, Cuautitlán, Iztacala y Zaragoza, además cuenta con sedes en diversos estados de la República, así como 14 representaciones u oficinas en el extranjero. Es decir, la UNAM es un mundo con dos brazos principales: la docencia y la investigación.

Históricamente se ha cuestionado el mecanismo de ingreso a la UNAM, pues cerca del 90 % de los aspirantes que buscan ingresar provenientes de preparatorias públicas y privadas son rechazados, quedándose, en muchos casos, sin acceso a la universidad. Otros sectores han cuestionado el pase automático e, incluso, algunos han apostado por prácticamente privatizar la mejor universidad pública de México.

Todo el contexto anterior es importante para poder dimensionar la importancia que tiene para muchas y muchos jóvenes el ingresar y mejor aún, egresar, como es el que suscribe; para algunas y algunos es una aspiración de vida, para otros es una costumbre familiar, pero, igualmente, para muchos, en un país como México, es la única oportunidad real que tienen para estudiar nivel licenciatura.

Hoy, alrededor de 150 mil jóvenes que hicieron su examen de admisión para poder ingresar a alguna de las 133 carreras de licenciatura que tiene la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) viven momentos de incertidumbre y preocupación; está en riesgo su futuro. Pues, a pesar de que muchos de estos ya “adquirieron” un lugar dentro de la Universidad Nacional Autónoma de México y, a estas horas, debiesen estar preparando sus documentos de inscripción y festejando un logro más, no es así. Más bien, es todo lo contrario: podrían verse afectados por la polémica suscitada en días recientes debido a las malas prácticas realizadas por aspirantes que, utilizando inteligencia artificial, la compra y venta de preguntas y respuestas, así como diversos instrumentos tecnológicos, lograrían obtener de forma fraudulenta un lugar en la UNAM.

Por otro lado, aspirantes que, con trabajo, estudio, dedicación y constancia (no de tres horas, lo que dura el examen, sino de años de esfuerzo), hoy se vieron afectados por la serie de resultados atípicos que derivaría en el aumento de aciertos requeridos para ingresar a la universidad. Ejemplo de lo anterior es el hecho de que jóvenes que obtuvieron más de 110 aciertos hoy no tienen un lugar en la universidad.

Con lo anterior, estudiantes, padres de familia, aceptados y rechazados se ven cuestionados y cuestionan a las autoridades de la universidad, pues, si bien, a título personal, considero que no son culpables —las autoridades universitarias— de que existan jóvenes dispuestos a defraudar con tal de tener un lugar en la UNAM, sí son responsables, principalmente su rector, el doctor Leonardo Lomelí Vanegas, quien ingresó en 2023 y concluye en 2027, de solucionar esta crisis institucional; pues, cualquiera que sea la decisión que tomen próximamente, lamentablemente veremos inconformes y afectados.

Desde que inició en redes sociales la difusión del resultado atípico del número de aciertos obtenidos en el reciente examen en línea de ingreso a la UNAM y, como consecuencia de la imposibilidad de negar este hecho por parte de las autoridades universitarias, hemos visto varios comunicados sobre el tema por parte de la UNAM: el primero, señalando la suspensión temporal del proceso de inscripción a licenciatura (algo que ya tendría que estar ocurriendo); el segundo, para señalar que los alumnos que vayan a entrar a la UNAM por medio del pase reglamentario no correrían ningún riesgo; el tercero, informando de la creación de la Comisión Técnica para la Revisión del Examen de Ingreso a la Licenciatura 2026; y, el último, informando que el Colegio de Directoras y Directores de Facultades y Escuelas respalda la ruta de revisión del proceso de ingreso a la licenciatura 2026.

Entre todos los comunicados, las marchas por parte de aspirantes e, incluso, el pronunciamiento de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo para que se resuelva lo ocurrido, lo cierto es que esto ha puesto a la UNAM en el centro de la conversación pública de México; pues se ha dado a conocer que la universidad otorgó, mediante adjudicación directa, un contrato de al menos 40 millones de pesos a una empresa llamada Territorium Life, que sería la encargada de implementar la plataforma que operaría el primer examen en línea de la UNAM.

De la misma forma, ha salido a la luz, una vez más, la desigualdad salarial entre la ya conocida burocracia dorada de la universidad y cientos de profesores que ganan alrededor de 500 pesos semanales; es decir, 2 mil pesos al mes, así como la opacidad y falta de transparencia y la administración y gastos de los recursos asignados a la máxima casa de estudios.

Opositores de derecha han salido a desprestigiar a la UNAM, a sus estudiantes, docentes y trabajadores, rescatando la narrativa de privatizar la universidad y llegando al grado de minimizar la relevancia de esta universidad a nivel nacional, olvidándose, de nuevo, de las y los aspirantes seleccionados.

Si bien en el pasado, así como hoy, han sido cuestionadas las autoridades universitarias, es importante rescatar varias cosas: que la UNAM y lo que significa van más allá de las autoridades y su lenta burocracia; el día de hoy, la universidad es el principal centro de investigación y docencia del país, es el principal semillero político, artístico, científico y cultural; la universidad, para muchas y muchos, es la única vía que se tiene para poder estudiar y llegar a prosperar; la UNAM no solo es una institución, es la madre de millones de mexicanos y extranjeros a los que adoptó, formó y mandó dignamente al mundo a trabajar y seguir poniendo en alto a la institución. 

Por eso y más, por el bien de todos, primero los pobres, y eso significa también: primero la UNAM.