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Junio, mes del Orgullo LGBTI

Junio, mes del Orgullo LGBTI

Por Charlie Dos Veces López

Celebremos nuestras vidas y organicemos la rabia para que nos arrebaten el porvenir.

Hoy inicia junio, que es el mes del orgullo LGBTI, y es declarado así porque hace muchos años, ocurrieron los disturbios de Stonewall, un bar en Nueva York en el que las personas que asistían a ese espacio se opusieron a una redada policiaca, tomaron el lugar y se enfrentaron con los policías, logrando sacarlos. Ese hecho es reconocido como el parteaguas fundacional del movimiento LGBTI contemporáneo en el mundo. Y aunque en México inició en 1978, con los primeros contingentes de personas homosexuales y lesbianas primero en el aniversario de la revolución cubana y luego en el aniversario de la matanza estudiantil de Tlatelolco, en ese año, al siguiente, en 1979, salieron a las calles por primera vez ya no solo como contingentes en otras manifestaciones, sino por primera vez como una marcha por la liberación homosexual, como se le conocía en ese entonces. Fue así como nuestro movimiento comenzó a salir a las calles y exigir un alto a lo que se conocía antes como razzias, que eran redadas policiacas en espacios que existían en aquel entonces. Pero también se trataba de frenar las detenciones y las extorsiones, así como la privación ilegal de la libertad de personas LGBTI a manos de policías y otros cuerpos de seguridad pública que violentaban a esta población hacia finales de los años 70.

Sin embargo, a la vuelta de la década, muy temprano, cuando llegó la epidemia del sida a nuestro país en 1984, el naciente movimiento LGBTI mexicano se vio seriamente mermado en sus filas, y las causas tuvieron que volcarse para atender esta realidad ante un padecimiento desconocido que estaba cobrando la vida de miles y miles de personas, principalmente homosexuales, bisexuales, mujeres trans y otras poblaciones disidentes.

A la postre de ese 1979, de esa década de los 80 y los 90, que representaron en sí mismas momentos cismáticos del movimiento, hoy, en pleno 2026, la realidad a la que nos enfrentamos las poblaciones de la diversidad sexual y de género no es muy alentadora. Pues estamos asistiendo a la revitalización de los movimientos anti derechos, abiertamente fascistas, fundamentalistas, en sectores políticos, religiosos y empresariales que están tomando espacios de poder que parecían imposibles de alcanzar en un mundo que parecía avanzar hacia la igualdad, la no discriminación y la disminución de las brechas de Derechos Humanos a los que se enfrentan muchas poblaciones, entre ellas las nuestras. Ya por eso y por muchas cuestiones más es por lo que vale la pena no sólo conmemorar un mes del orgullo, sino celebrar nuestras vidas, celebrar nuestras vivencias, nuestras existencias. Porque hoy, ante este mundo amenazante de discursos de odio y de crímenes de odio, estar vivas es ser sobrevivientes del peso asesino de la violencia y la discriminación. Sí merecemos celebrar nuestras vidas, sí merecemos reír, sí merecemos gozar, sí merecemos bailar y merecemos salir a las calles en las marchas del orgullo gritando, festejando que existimos porque resistimos.

Y claro que también este mes es una oportunidad histórica para reconocernos y acuerparnos entre todas, todos y todes, porque la amenaza del retroceso social no solamente está dirigida a una de nuestras poblaciones, sino a todas por igual, y la única manera en la que podemos hacerle frente es a través de la unidad, de la solidaridad que no es concepto vacío, sino la única posibilidad de subsistencia ante el odio. Este junio tiene que ser, de manera contundente, un llamado a la organización, a la rabia y a la reestructuración de nuestras causas para hacer frente común al avasallante peso de los anti derechos en todos sus frentes.

Que los colores de nuestro orgullo inunden las calles, las escuelas, los edificios públicos, los bares y todos los rincones, para que la luz de la diversidad cobre las suficientes fuerzas y genere espacios que nos permitan ser un contrapeso que esté a la altura de las circunstancias en la época a la que asistimos. Hoy más que nunca es imperativo cerrar filas y reconocer que llegó el momento en el que tenemos que repensar cuáles han sido los alcances trágicos de la división al interior de nuestros movimientos, y cuáles son los costos políticos, sociales, culturales e históricos de esta separación que durante algunos años nos sirvió para reconocer cuáles eran nuestras necesidades en cada población de la diversidad sexual y de género, pero que hoy no alcanzan para afrontar la realidad amenazante que vivimos.

Hoy es indispensable imaginar que el porvenir es posible solamente si estrechamos lazos y si reconocemos las personas LGBTI que nuestras semejanzas son más grandes y más fuertes que nuestras diferencias, porque está en riesgo no solamente la pérdida de derechos, sino la posibilidad de un porvenir. La amenaza no es otra que la de ver perder el futuro.

Feliz mes del orgullo. Que nuestros colores brillen con todo su fulgor en todas partes y que la luz de la diversidad ilumine nuestras causas para lograr avanzar hacia la utopía de un mundo más libre, más justo y en paz.