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Es momento de hablarle a los hombres: la crisis de pertenencia de la juventud

Es momento de hablarle a los hombres: la crisis de pertenencia de la juventud

Por Erick Reyes

En México existen alrededor de 14.9 millones de hombres jóvenes de entre 15 y 29 años (INEGI). Se trata de un grupo poblacional que muestra señales de distanciamiento frente a una de las formas de participación política: durante las elecciones de 2024, las y los jóvenes de 20 a 29 años registraron un 48% de participación ciudadana (INE), siendo el sector que menos acude a las urnas. Más allá de no salir a votar, esta cifra refleja una desconexión profunda ante un debate político que no les habla directamente ni les ofrece un camino claro hacia el futuro.

A este escenario se suma un malestar en constante aumento. Un estudio de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE, 2026) reveló que el 73.5% de los hombres encuestados se siente discriminado por su género. El dato demuestra algo muy claro: una parte importante de los hombres siente que el entorno actual los juzga, los hace a un lado o los relega a un segundo plano.

La pirámide de Maslow nos enseña algo fundamental: todos los seres humanos necesitamos sentirnos parte de algo. Necesitamos construir comunidad, formar redes de apoyo y sentir el respaldo de los demás. Sin embargo, cuando los mensajes de cambio social se comunican de forma equivocada y se enfocan en señalar a los hombres como "el enemigo a vencer" en lugar de invitarlos a ser parte de la solución, se provoca un peligroso vacío de pertenencia y de identidad.

Al no sentirse tomados en cuenta ni valorados en las conversaciones actuales, los jóvenes quedan a la deriva. Es justamente en ese espacio de abandono donde los grupos conservadores y la llamada "machoesfera" —todas esas redes, foros y canales que promueven una visión rígida de lo que significa "ser hombre", el rechazo al feminismo y la queja por un supuesto desplazamiento masculino— han encontrado la oportunidad perfecta para construir espacios de refugio donde se les escucha y se les valora.

Espacios en internet organizados alrededor de figuras como “El Temach” —un creador de contenido que les habla de autoestima, busca hacerlos sentir parte de un grupo y darles un "enemigo común"— y colectivos como los "Compas de Hierro" han sabido responder a esta falta de apoyo emocional. Estos lugares son percibidos como verdaderos salvavidas afectivos. Testimonios de sus seguidores, recogidos en el documental Los "mesías" de la machosfera de BBC News Mundo, lo muestran con crudeza: “Nos está ayudando a muchos hombres que hemos pasado por situaciones en las cuales nos hemos visto hasta caer en depresión o inclusive tratar de atentar contra nuestra propia vida”. Frente a la soledad y la ausencia de una red de apoyo sólida, estos grupos les brindan el respaldo que no encuentran en el discurso público.

Esta propuesta gana seguidores al apoyarse en ideas tradicionales sobre lo que debe ser un hombre, basadas en la disciplina, el esfuerzo y la hermandad: “Esta cadena representa sacrificio, compromiso, voluntad; todas las cosas que conllevan a un hombre a ser un hombre: fortaleza, discreción, compasión, hermandad. Esto no es algo que se gana de la noche a la mañana, esto se gana”. En un entorno donde muchos jóvenes carecen de amistades fuertes o de espacios con quién compartir, la promesa de superarse a sí mismos y pertenecer a una "comunidad de hermanos" resulta atractiva.

El fondo del problema es que sentirse apoyado y escuchado no se limita al terreno personal, sino que transforma su posicionamiento político. Al sentirse rechazados o criticados por las ideas progresistas, los jóvenes encuentran en el conservadurismo un espacio donde se sienten respetados y colocados en el centro de la narrativa. Ahí no les piden disculparse por existir; los invitan a sumarse a un mensaje donde su papel vuelve a ser importante.

Frente a esta realidad, vale la pena preguntarnos con autocrítica: ¿estamos comunicando de la manera correcta? Mantener un mensaje simplista que encasilla al hombre joven como el enemigo o como parte del problema, solo alimenta el rencor y lo empuja hacia proyectos que le ofrecen certeza, orden y tradición. Si los movimientos sociales no son capaces de dejar de lado la culpa para construir un mensaje que verdaderamente incluya a los hombres jóvenes, seguirán provocando involuntariamente su distanciamiento. No se trata de ignorar la responsabilidad que se tiene en acabar con la violencia o la desigualdad, sino de explicarla de forma distinta para no desencadenar exactamente lo que se busca evitar.

Una sociedad más justa e igualitaria no se construirá dejando sin identidad ni comunidad a casi 15 millones de jóvenes mexicanos. Se necesita la empatía y la madurez política de tender puentes, entender el rol de los hombres desde el respeto mutuo y ofrecer espacios reales de pertenencia donde no se les vea como una amenaza, sino como aliados clave. De lo contrario, la necesidad de pertenecer a un grupo seguirá encontrando su respuesta en las filas del conservadurismo.