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Parte 3 | Cuando las “benditas redes sociales” dejaron de ser nuestras: Recomendaciones para un futuro más digital

Parte 3 | Cuando las “benditas redes sociales” dejaron de ser nuestras: Recomendaciones para un futuro más digital

Por Ernesto Ángeles .

A algunas personas les resulta cada vez más difícil habitar internet y las redes sociales actualmente, ya que estos espacios se muestran cada vez más inseguros, hostiles y hasta prohibidos, especialmente para los grupos minoritarios. Esta situación no es fortuita ni incidental, sino que ha sido construida a través de algoritmos, capital, intereses particulares y una constante y permanente manipulación y experimentación de las interacciones sociales.

Detrás de esta situación hay grupos e intereses políticos determinados, los cuales han convertido paulatinamente al ciberespacio, internet y las redes sociales en el espacio que ahora es; no es que un día la gente haya decidido levantarse y volverse de ultraderecha, sino que es un proceso que ha requerido el tiempo, dinero y esfuerzo de empresas, agencias y personas que, por medio de publicaciones, reacciones, bots y contenido multimedia, han alimentado narrativas, percepciones y juicios de valor que favorecen a la ultraderecha, las cuales se sostienen a partir de estructuras digitales relacionales —orgánicas y sintéticas— que se retroalimentan con los medios, el capital y el sistema político.

Ante esta situación, la respuesta inmediata de algunos grupos de izquierda y progresistas fue el shock y el rechazo: desarticulación, indignación, migración a otros espacios digitales y el silencio. Sin embargo, este momento ha durado poco y se ha pasado a un periodo de reinvención y reorganización, tal como está sucediendo en México.

México representa uno de los últimos bastiones de resistencia ante la ofensiva del imperialismo estadounidense y del sionismo en el continente, encarnado en su forma más cruda en la dupla Trump-Marco Rubio, los cuales han revivido no sólo la doctrina Monroe, sino al macartismo más rancio y violento. En el país esto se ve reflejado en el envilecimiento del sistema comunicacional y político; en el armamentismo comunicativo de canales, medios y personalidades de comunicación; así como en la conversión de las redes sociales en una maquinaria de manipulación algorítmica y social a escala masiva.

Ante esta situación, la coalición gobernante, liderada por la presidenta Claudia Sheinbaum, tiene que fortalecer dos frentes de forma simultánea: por un lado, el Estado, sus instituciones y la población y; por el otro lado, la estabilidad y continuidad del movimiento frente al evidente intento exterior de subvertir la voluntad nacional.

A nivel estatal, las instituciones gubernamentales tienen que mejorar su comunicación, presencia y administración en línea; así como mejorar las capacidades institucionales frente a la desinformación más allá de los esfuerzos emanados de presidencia.

Por otro lado, está la regulación del ciberespacio, las plataformas y redes sociales, lo que puede contribuir a disminuir la toxicidad y riesgos de estos espacios digitales. En la misma línea se podrían explorar otras opciones, tal como influenciadores sintéticos para instituciones, marcos de acción contra la desinformación, etc. Eso ya será materia de otro escrito.

En el caso de los partidos, considero que es un error estratégico dividir la política territorial de la política digital; si bien el mundo real es la base de todo, el mundo digital está empezando a impactar frontalmente percepciones y comportamientos, especialmente entre las nuevas generaciones en las ciudades o en lugares con conexión barata y acceso a tecnología.

Salir de los espacios de confrontación sería un gran error; la cuestión no es huir de la confrontación de narrativas y el debate, sino al contrario, dar una batalla por el dominio de este sistema; por lo que es necesario un reagrupamiento enfocado en crear estructuras digitales y no sólo narrativas.

El primer paso es la pedagogía: es necesario desnudar cómo funcionan estos espacios, desterrar la idea de que por estar construidos por números, código y silicio son espacios "objetivos", así como el contexto geopolítico, la política del ciberespacio o las guerras de la información y campañas psicológicas históricamente aplicadas por países como Estados Unidos.

Sin embargo, la pedagogía debe integrar nuevas formas didácticas y tecnologías, tal como la inteligencia artificial, los videojuegos o las redes sociales, ya que la pedagogía rígida y académica poco puede competir en redes sociales y otros espacios en donde la inmediatez es la norma.

En este proceso, los partidos y el movimiento tendrán que profundizar su digitalización, no sólo por medio de publicaciones y contenido, sino construyendo comunidades físico-virtuales en forma de red, pero con nodos específicos; para lo cual se necesitaría partir de una estrategia de comunicación afín.

Resulta prioritario trasladar la organización, movilización y representación territorial al ciberespacio, especialmente a las redes sociales, ya sea por medio de interacciones y el posicionamiento de narrativas en forma de colmena o promoviendo a influenciadores y diversas formas de crear contenido a través de grandes nodos y medios existentes (como la mañanera).

En el primer caso, esto es posible por medio de la creación de grupos en línea coordinados por unas cuantas figuras, las cuales estarían encargadas no sólo de muchas de las narrativas, sino de coordinar actividades de interacción entre cuentas, fomentar prácticas de seguimiento y promover contenido y cuentas con potencial de volverse viral.

La vía más sencilla para tal hazaña es por medio de las reuniones presenciales como comités o las reuniones de formación, en donde se puede incentivar y fomentar el activismo digital, especialmente para miembros del partido, ya sea por medio de didáctica o de prácticas, por lo que se requerirá cierto conocimiento previo o la disposición de cuentas en alguna red social.

La segunda idea puede trabajarse a través de la identificación de figuras creadoras o con contenido con potencial, el análisis de la trayectoria de sus autores y la promoción de su contenido en espacios y por figuras famosas. Una opción podría ser en la mañanera o entre otros actores, así como el propio partido; un paso más allá sería la "gamificación" y el fomento de creación de contenido por medio de incentivos como la difusión.

Dado que el reto en el relato digital es doble (por un lado, la ultraderecha, y por el otro, la izquierda radical y "pura"), sería necesario fomentar voces y narrativas críticas para ambos espectros, aunque del lado de la ultraizquierda sería importante no caer en guerras fratricidas, por lo que las narrativas tendrían que girar más en torno a la contextualización, lo posible en el mundo real y la ponderación de prioridades.

En conclusión, estas son solo algunas de las rutas posibles, y ninguna es suficiente por sí sola. No se trata de que la tecnología defina la política, sino de que los actores políticos definan cómo se usa la tecnología por medio de la disputa de espacios y estructuras. El ciberespacio fue capturado por intereses concretos con recursos, tiempo y estrategia; recuperarlo —o al menos disputarlo— requiere exactamente lo mismo. Ante el auge de la ultraderecha y el fascismo global, y ante la evidente voluntad de interferencia exterior, abandonar ese terreno no es una opción, es una concesión que ya se está pagando.