El eje Washington-Tel Aviv se sigue fortaleciendo ahora a partir de la agenda y los planes que tiene para América Latina. Dicho binomio busca crear mecanismos de anclaje estructural en la región que incluyen el sometimiento de su política exterior, bloqueos diplomáticos para que no puedan tejer alianzas con los nuevos polos mundiales, intervención desde adentro a través de sus fuerzas de seguridad, apoderamiento de sus recursos naturales estratégicos y la criminalización y destrucción de los movimientos y gobiernos de izquierda que luchen por la soberanía.
Con “Los Acuerdos de Isaac” y el “Escudo de las Américas”, se establece en plenitud la colonización moderna del continente, operando en todos los niveles institucionales de cada nación, incluso al interior del poder legislativo con los caucus parlamentarios pro Israel y pro Estados Unidos, que les permitiría tener caballos de Troya para imponer su agenda geopolítica, de seguridad y tecnológica. Promover un marco jurídico estandarizado para tipificar definiciones como “narcoterrorismo” o como la IHRA, que equipara las críticas al Estado genocida de Israel con el discurso de odio racial. La maquinaria judicial podría criminalizar a cualquier disidente, incluso al poder ejecutivo del país, bajo el pretexto de “seguridad antiterrorista”.
En el ámbito territorial, la narrativa de terrorismo en la Triple Frontera (Argentina, Brasil y Paraguay), es el pretexto perfecto para la presencia militar y de inteligencia del eje yanqui-sionista. Desde los atentados en Buenos Aires a la Embajada de Israel (1992) y el coche bomba en la AMIA (1994), la CIA, la DEA, el FBI y el Mossad han acusado sistemáticamente que dicha zona es un centro de lavado de dinero y de financiamiento para Hezbolá y, como consecuencia, para Irán. En otras palabras, es la importación del conflicto del Medio Oriente al Cono Sur que les permite establecer radares, bases operativas y la presencia constante del SOUTHCOM en el corazón de Sudamérica.
Esto incluye, desde luego, la cesión de la soberanía en materia de inteligencia, ya que los gobiernos de Argentina, Brasil y Paraguay son obligados a abrir todas sus bases de datos financieras, de migración y de seguridad a las agencias yanquis. Lo que reduce a sus aparatos de inteligencia local en meras sucursales operativas de Washington y Tel Aviv en su propio territorio.
Tal vez la cara más perversa de la moneda respecto a la Triple Frontera, es que se asienta en una de las reservas subterráneas más importantes de agua dulce del mundo. La insistencia del discurso del terrorismo es la justificación para tener vigilada y militarizada una zona con un recurso que, mientras más avance el llamado cambio climático, será de un valor estratégico para las potencias occidentales.
En México, a la Triple Frontera se le llama “Guerra contra el Narco” y opera como la sustituta de “Los Acuerdos de Isaac”. Aunque ambas estrategias buscan el sometimiento total de nuestras naciones, en el territorio mexicano se opera bajo mecanismos más orgánicos, históricos y directos. La matriz de dominación es la misma, pero tiene dos franquicias distintas que se adaptan a la geografía de cada país.
De tal forma que existe un paralelismo en la amenaza, en la estrategia de sometimiento, en el objetivo sustancial y en el rol sionista: “terrorismo islámico” con la presencia de Hezbolá e Irán en la Triple Frontera, versus la “guerra contra el narco” que provoca violencia desbordada en la frontera norte de México.
Caucus parlamentarios para legislar leyes antiterroristas y castigar toda condena al genocidio de Israel, versus supuestas filtraciones de la DEA y listas negras para someter a la 4T.
Venta de tecnología de espionaje necesaria para los gobiernos de derecha a cambio de apoyo diplomático en la ONU, versus ser el país cliente cero y laboratorio masivo de Pegasus.
Evitar las alianzas de países sudamericanos con potencias como China y Rusia y criminalizar los movimientos progresistas, versus controlar los recursos naturales y minerales y frenar la soberanía geopolítica de México.
La estrategia en nuestro país cierra la pinza yanqui-sionista de un anclaje indispensable para mantener a la región bajo un estado de excepción permanente y, con esto, justificar la injerencia, el colonialismo tecnológico y el control territorial.
Es indudable que quieren doblar a los dos últimos gobiernos de izquierda de la región, aplastar cualquier proyecto de soberanía popular y crear un eje neofascista con garras sionistas en toda América Latina para que actúe como un bloque vasallo frente a la disputa global con China y Rusia.
Continuará…