Ali Shoeib, un veterano corresponsal de guerra libanés, fue brutalmente asesinado mientras realizaba su trabajo como reportero al sur de Líbano, donde la ofensiva israelí ha incrementado los ataques aéreos y presencia militar terrestre. Shoeib, miembro de medios locales y de la cadena de televisión Al-Manar , había denunciado acoso por parte de las fuerzas de seguridad israelíes durante sus coberturas y era un agudo periodista que desde el terreno presenciaba la operación de conquista hacia su territorio. A su muerte también se suman las de 2 colegas más, Fátima Ftouni y Mohammed Ftouni, reporteros y hermanos cuya muerte aconteció durante el mismo ataque en el que Shoeib perdiera la vida. Sus muertes se incluyen a los cerca de 300 informadores asesinados por las fuerzas militares israelíes desde que inició su campaña de expansión y representa una cifra récord en la historia moderna. Días anteriores a los ataques a los 3 periodistas, el fotógrafo independiente Hussain Hamood, también fue ultimado por el ejército israelí mientras realizaba sus labores, por lo que este fin de semana también se acentúa como uno de los más mortíferos para el ejercicio periodístico de la actualidad.
La ofensiva en Líbano, que pretende tomar las mismas acciones destructivas que en Gaza, se ha cobrado ya la vida de miles de civiles, paramédicos y cuerpos de paz, como reportan organizaciones internacionales. El presidente del gobierno Español, Pedro Sánchez, ha denunciado en sus redes sociales que dos soldados de nacionalidad indonesia incrustados en un convoy de fuerzas de paz de la ONU fueron asesinados en lo que se presume también se trate de una agresión perpetuada por el ejército invasor, aunque aún no está del todo claro y se han iniciado las investigaciones. La fuerza de paz atacada era liderada por España.
A pesar de la consternación que ha causado el asesinato de los periodistas, quienes recibieron un homenaje y funeral multitudinario por ser ampliamente reconocidos por su trabajo, los cuerpos de información y autoridades israelíes han acusado sin pruebas y usando imágenes falsas a Shoeib, de ser un agente de Hezbolá, tratando de justificar así su asesinato y el de los colegas que lo acompañaban en su trabajo y cobertura, una actitud sistemática que han utilizado con anterioridad en Gaza para criminalizar el ejercicio periodístico y tratar de amedrentar al gremio que se encuentra siendo testigo de la barbarie y los crímenes de guerra perpetuados. El asesinato del veterano periodista también ha tenido repercusión en las esferas políticas de Líbano, donde figuras del medio e incluso el presidente libanés, Joseph Aoun, han condenado el acto y se pidió respeto por la libertad de prensa y el Derecho Internacional Humanitario.
"Una vez más, la agresión israelí viola las normas más básicas del Derecho Internacional, del Derecho Internacional Humanitario y de las leyes de la guerra, al atacar a periodistas, que en última instancia son civiles que desempeñan su profesión”, dijo el jefe de Estado.
Por su parte, el día lunes 30 de marzo, el congreso israelí ha dado luz verde a la iniciativa propuesta por el ministro de seguridad y líder de la extrema derecha Itamar Ben Gvir para aplicar la pena de muerte a condenados por ataques mortales catalogados como actos de "terrorismo", lo cual incluye a los palestinos detenidos en cárceles israelíes a quienes organizaciones y activistas señalan de no contar con un debido proceso o defensa. Ben Gvir, señalado como uno de los creadores de la política de cero tolerancia y odio a los israelíes árabes y no judíos, enfrenta también acusaciones de invasiones territoriales en Cisjordania y desde muy joven es vinculado a grupos extremistas dedicados a amedrentar y agredir a los palestinos dentro de su territorio con fines expansionistas y ha incitado públicamente a una limpieza étnica. Ahora mismo funge como uno de los principales aliados del primer ministro Benjamín Netanyahu.
El ahora ministro de seguridad ha adquirido una notoriedad internacional por su funesto papel durante la ofensiva en Gaza. Desde el 10 de junio de 2025, los gobiernos del Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Noruega ejecutaron sanciones contra Ben-Gvir, y el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich. Dichas sanciones significaban la congelación de todos sus activos, la prohibición de entrar en dichos países y la incapacidad de ocupar un puesto directivo en una empresa de los países sancionadores. Según el comunicado emitido por dichos países, los ministros israelíes:
«han incitado a la violencia extremista y a abusos graves de los derechos humanos de los palestinos».
La medida aprobada por los legisladores ha sido duramente cuestionada por grupos de defensa de derechos humanos a nivel mundial e incluso por autoridades internacionales, incluida la ONU, sin embargo, el mismo primer ministro Netanyahu ha acudido personalmente a realizar su voto a favor de la nueva ley. Mientras la mayor parte de los asistentes vitoreaban la aprobación vista como una de las victorias más recientes de la extrema derecha israelí, Itamar Ben-Gvir celebró desmesuradamente abriendo una botella de champán dentro de las instalaciones como oscuro presagio de que la sangre continuará corriendo mientras él y los suyos se desviven celebrando.