El Tratado entre Estados Unidos y la Federación Rusa sobre Medidas para la Mayor Reducción y Limitación de las Armas Estratégicas Ofensivas, conocido como “START III” o “Nuevo Tratado START” expira este 4 de febrero, dejando un “mundo más peligroso”, según autoridades rusas.
El START III fue firmado en abril de 2010 por autoridades de ambos países, que poseen los mayores arsenales nucleares del mundo, y prorrogado sin condiciones previas por 5 años en febrero de 2021.
Este acuerdo establece límites centrales en el desarrollo de armas hasta 700 misiles balísticos, 1,550 ovijas nucleares y 800 lanzadores de misiles balísticos intercontinentales.
De acuerdo con información oficial, el tratado contiene procedimientos detallados que rigen “la conversión y eliminación de las armas estratégicas ofensivas, el establecimiento y funcionamiento de una base de datos con la información requerida por el tratado, las medidas de transparencia, el compromiso de no interferir con los medios técnicos nacionales de verificación, el intercambio de información telemétrica, la realización de inspecciones in situ y el funcionamiento de la Comisión Consultiva Bilateral (CCB)”.
Se trata del único documento vigente entre ambas potencias en materia de control de armas y su no renovación significaría el inicio de una nueva etapa armamentística que dejaría “un mundo más peligroso”, de acuerdo con altos funcionarios rusos.
Moscú ha reiterado su interés en la renovación de START III desde septiembre de 2025, cuando Vladímir Putin aseguró que Rusia estaba dispuesta a prolongar el tratado durante un año más si Estados Unidos accedía a hacer lo propio y destacó que ello tenía el objetivo de evitar una nueva carrera armamentista, así como garantizar “un nivel aceptable de previsibilidad y contención”.
En dicha ocasión, el presidente Donald Trump consideró que la propuesta rusa era una “buena idea”; no obstante, posteriormente expresó que “si [el tratado] expira, expira” y abrió la posibilidad de negociar un nuevo tratado que incluyera más actores; lo que, de acuerdo con medios, representa uno de los principales obstáculos para su renovación.
El vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, Dmitri Medvédev, afirmó el pasado 26 de enero que el país euroasiático no recibió respuesta oficial de la propuesta presentada en septiembre y señaló que “nueva administración estadounidense intenta replantear el rumbo imprudente y extremadamente arriesgado de la anterior, que buscaba infligir una "derrota estratégica" a nuestro país”.
De acuerdo con el director del Centro de Estudios Integrales Europeos e Internacionales de la Escuela Superior de Economía de Rusia, Vasili Kashin, "Washington considera que Pekín debe incorporarse a un nuevo formato de control. China, por su parte, no muestra intención de participar en acuerdos de este tipo. Rusia, a su vez, ha insistido en que también deberían incluirse los potenciales de Francia y el Reino Unido, algo que EE.UU. podría no aceptar".
En tanto, este miércoles 4 de febrero actores internacionales instaron a mantener el Tratado en pro de la estabilidad mundial y la regulación clara de su despliegue por parte de ambos países.
El Papa León XIV expresó que “este tratado ha representado un paso significativo para contener la proliferación de las armas nucleares y renovar el aliento a todo esfuerzo constructivo en favor del desarme y la confianza mutua. [Hago] un llamamiento urgente para que no se abandone este instrumento sin tratar de garantizarle un seguimiento concreto y eficaz. La situación actual exige hacer todo lo posible para evitar una nueva carrera armamentística que amenace aún más la paz entre las naciones".
China manifestó su confianza de que Estados Unidos responsa positivamente a la propuesta de Rusia para la prolongación del tratado y afirmó que “Las fuerzas nucleares de China y Estados Unidos no están en absoluto al mismo nivel, y exigir que China se una a las negociaciones de desarme nuclear en esta etapa no es justo ni razonable”.
Al momento, las autoridades estadounidenses no han manifestado públicamente ningún posicionamiento sobre esto, dejando a Moscú y Washington sin acuerdos de control de armas por primera vez en más de medio siglo y sin intenciones claras de iniciar un proceso de negociación para alcanzar algunos nuevos.