Conforme la tecnología conocida como Inteligencia Artificial tiene más presencia e influencia en la vida diaria, surgen diversos debates sociales acerca de la naturaleza, funcionamiento, riesgos y en general el futuro de esta tecnología y su relación con la sociedad; sin embargo, en el proceso han emergido una serie de preguntas, preocupaciones y debates que oscurecen los verdaderos riesgos y cuestiones pendientes a resolver, mientras que centran su atención en asuntos fantasiosos, temibles y ampliamente especulativos, varios de estos muy alejados de la realidad, aunque bastante redituables para generar tráfico a sitios en línea.
Es así como al día de hoy los debates sobre la Inteligencia Artificial giran en torno a preguntas como ¿Una Inteligencia Artificial se hará malvada y tomará por objetivo aniquilar a la especie humana? ¿Los robots reemplazarán el trabajo humano? ¿Estamos cerca de que una Inteligencia Artificial tome conciencia? ¿La especie humana se tornará obsoleta ante el crecimiento de la Inteligencia Artificial? ¿La Inteligencia Artificial solucionará todos los problemas de la humanidad? ¿La Inteligencia Artificial será más inteligente que cualquier humano?
Pese a que algunas de estas preguntas son tan fantasiosas que sólo podrían ser reales en películas de ciencia ficción, sus discursos encuentran bastante cabida en los medios de comunicación y las discusiones públicas. Ya sea por miedo, ansiedad o mera ignorancia, tal atención a cuestiones triviales oscurece aspectos como la propiedad privada y la desigualdad, la responsabilidad en la toma de decisiones de las máquinas, el colonialismo digital o la falta de transparencia en cuyas infraestructuras transcurren y afectan asuntos públicos.
Por tanto, si se quiere avanzar en el debate público de la Inteligencia Artificial (IA en lo subsecuente), lo primero a resolver es dejar de lado la especulación fantasiosa de cosas que bien podrían suceder o bien podrían nunca pasar; para ello es menester clarificar algunas cuestiones básicas en torno a esta tecnología, sobre todo si este debate surge desde las instituciones estatales y académicas, ya que de lo contrario la “educación” y acercamiento social a esta tecnología seguirá en manos de Hollywood, los medios corporativos y personajes político y económicos que sólo alimentan el problema.
Para comenzar está la idea que en el futuro una Inteligencia Artificial se volverá mala y tomará por objetivo aniquilar a la población: Esta idea conlleva una serie de presupuestos tales como que una IA es sinónimo de un robot, cuando en realidad tal tecnología puede manifestarse de manera intangible en forma de un modelo o programa; por otro lado está la cuestión de ¿qué tipo de IA? Ya que al día de hoy la diversidad de labores que puede realizar una IA es bastante reducida, mientras que el nivel de especialidad es alto. Asimismo está la noción que la IA adquirirá valores morales, cuando ni siquiera la IA más avanzada actualmente tiene noción de lo que está haciendo o comprende lo que se le pide; aunado a esto tenemos la (im) posibilidad que una IA adquiera conciencia, algo que genera un fuerte debate debido a que primero se tendría que saber qué es la conciencia y dónde reside ésta o resultado de qué es, ya que de lo contrario esto significaría que un conjunto de silicio pueda emular o generar conciencia y, en general, un funcionamiento bastante parecido al cerebro humano, algo que hasta el día de hoy se antoja imposible por su inmensa complejidad.
Sin mencionar que tal especie de “terminator” sólo podría existir en un entorno en donde se hubieran resuelto cuestiones tan difíciles como una inmensa fuente de energía (y refrigeración) constante, la miniaturización de tremenda capacidad de procesamiento para que pueda caber en un robot de tamaño humano y una serie de sensores, actuadores y otros elementos que no existen actualmente.
Asociado a lo anterior también está posibilidad que una IA llegue a la conclusión de que para hacer más efectiva su labor debe exterminar a la humanidad por considerarla un estorbo o un problema; sin embargo, esta situación implica que un sólo tipo de IA (especializada) se encuentre con capacidades suficientes para llevar a cabo su labor, lo que implicaría recursos, estrategias y métodos que escaparían de sus capacidades y objetivos iniciales, sin mencionar la labor de competencia con otras IA que lleven a cabo diversas tareas. En esta línea también podría darse el caso de una IA que tenga por objetivo la administración social, en donde (de nueva cuenta) la naturaleza y los objetivos finales programados en la IA juegan un papel central, así como también las estructuras sociales e institucionales que permitan tal despliegue tecnológico, ya que (creo) que es muy probable que antes de querer eliminar a los humanos, tal IA llegue a conclusiones bastante conocidas, tal como lo innecesario de ciertos intermediarios, representantes y hasta la existencia de grandes centros de concentración de capital económico y político.
De lo anterior también se desprenden diversas conjeturas acerca del elemento “inteligente” de la IA: que se ha vuelto más inteligente que nosotros, que en un futuro habrá una IA de propósito general (que exceda en todo a las capacidades cognitivas humanas), que se puede aspirar a la “súper inteligencia” y que en un futuro una súper IA implicará la solución a todos los problemas de la humanidad.
En lo que respecta a la comparación de inteligencia frente a los humanos, resulta necesario el determinar qué se entiende por inteligencia, ya que si comparamos una calculadora frente a una persona, el dispositivo resultará súper inteligente y capaz de hacer cálculos complejos; sin embargo, la inteligencia no sólo implica una dimensión e intensidad, sino que ésta se presenta de formas que muchas veces escapan a las consideraciones tradicionales de la inteligencia; además, los humanos no tenemos una inteligencia “general”, sino que desarrollamos capacidades conforme a objetivos y entornos específicos, así también la IA, la cual es creada con fines y objetivos específicos.
Por otro lado está la cuestión de la súper inteligencia, en donde muchas personas ponen su fé y anhelos, esperando que con una súper IA se solucionarán problemas tan diversos como la cura del cáncer, la inmortalidad, la fusión fría o la teoría del todo; sin embargo, todos estos problemas no se solucionan simplemente con “más inteligencia”, sino que requieren de otros elementos como la experimentación, la síntesis y evaluación, cosas que no se obtienen únicamente con más inteligencia, tal como en el caso de la física cuántica, en donde por más que se pongan a pensar y teorizar, es necesario contar con un colisionador de partículas; por tanto, la inteligencia sólo es un factor en el progreso de la humanidad.
A su vez, está la idea que en el futuro la IA desplazará de todo trabajo a la humanidad; sin embargo, tal aseveración conlleva una serie de consideraciones a tener en cuenta: en un escenario así la humanidad sería desplazada no sólo de sus trabajos, sino de su condición de administradores del mundo, cuyo único papel de la humanidad sería generar contenido asociado a su funcionamiento social, lo que podría implicar una sociedad de vigilancia y un sistema productivo bastante diferente al que conocemos, en donde el producto sería la sociedad misma (sus datos, más propiamente) y su administración (usualmente gracias a la Inteligencia Artificial), dando a cambio un tipo de ingreso básico universal, implicando un poder inmenso para las empresas que creen las estructuras tecnológicas y administren su funcionamiento, incluido todo el proceso de extracción, procesamiento, transformación y utilización de tales datos. Y es que por más que quiera dejar de lado a la humanidad, la IA se alimenta de todo lo que hace el humano y el objetivo último que le insuflan sus creadores es emular la inteligencia de la humanidad, por lo que los datos humanos seguirán siendo necesarios aún en un mundo sin trabajo.
Además, en un hipotético y sostenible mundo sin trabajo ni trabajadores humanos, el poder de las empresas desarrolladoras sería inmenso, dado que tales sistemas de IA requerirían de una administración y actualización constante.
Otros mitos a tener en cuenta son:
Que la inteligencia de la IA es como una inteligencia humana: En absoluto la inteligencia humana es tan estrecha y racional, ya que somos seres con emociones, percepciones, subconsciente, deseos y anhelos que no sólo abarcan un comportamiento que se consideraría “inteligente”.
Que la IA es benéfica, negativa, positiva, maliciosa y demás adjetivos: Esto es un error en sí mismo, ya que la IA no tiene una intencionalidad ni el planteamiento de objetivos propios, sino que depende de su diseño, datos, contexto, aplicación, forma de uso y otras áreas de interferencia y agencia humana, en donde sí es posible el fincamiento de responsabilidades, o al menos un acercamiento más puntual.
Que los datos son obsoletos y están condenados a ser libres: El elemento más importante de la IA son los datos (de calidad) de entrenamiento y, dado el sistema político-económico imperante, éstos en muchos casos están privatizados, por lo que la libertad de datos es una herramienta discursiva que sirve a fines y objetivos políticos antes que una realidad.
Que las técnicas y el hardware usado en el desarrollo de IA es igual a los procesos biológicos cerebrales: Esta comparación usualmente se asocia a las redes neuronales, las cuales tienen por objetivo la emulación del procesamiento de datos en el cerebro; sin embargo, dado el nivel de avance actual éstas sólo pueden llevar a cabo el reconocimiento de patrones, dejando de lado otras múltiples tareas y manifestaciones de la sinapsis neuronal.
Que la IA “aprende” sola: La IA no aprende por si sola, ni bajo el entrenamiento no supervisado, ya que requiere que los científicos definan el problema, preparen los datos, remuevan las parcialidades y actualicen el programa por medio de la integración de nuevo conocimiento y datos.
Que la IA es objetiva y no tiene parcialidades: La IA no es una representación fiel y objetiva de la realidad, sino que está plagada de parcialidades e influencias directas e indirectas, sobre todo a través de los datos de entrenamiento y los lugares de desarrollo.