El súperpeso fue celebrado por el presidente López Obrador en otra ocasión tras un reporte que el tipo de cambio había llegado a 17.42 pesos por dólar, su posición más fuerte en siete años. [1] Para todos los productos importados, no solo de los Estados Unidos sino para la gran mayoría de las transacciones internacionales que están negociadas en dólares, ahora pagaremos sólo 17.42 pesos por cada dólar de valor de producto, en lugar de 18 o 20 (pues, no exactamente así de simple, pero más o menos).
Es una buena noticia para los consumidores mexicanos, dado que muchos de los productos básicos que usamos diariamente son importados, incluso alrededor de 45% de los alimentos [2], México siendo el segundo socio comercial más importante de los Estados Unidos. [3] Pero con la economía mexicana más dependiente que nunca en el comercio internacional, esto significa que, mientras sea el dólar la moneda estándar para el comercio, la fortuna o miseria de los mexicanos dependerá de las fluctuaciones de algo que está fuera del control de su voluntad democrática.
Hoy en día el 93% de las transacciones internacionales en las Américas y 75% en el resto del mundo (menos Europa) usan dólares, reflejando una hegemonía comercial nunca alcanzada antes en la historia. [4] Pero ¿cómo sería diferente si este monopolio sobre la economía mundial se diera paso a un orden más democrático y plural? Tal vez lo veremos pronto.
En los últimos 20 años, el porcentaje de dólares mantenidos en los bancos centrales de los países del mundo ha caído gradualmente debido a la creación de la zona euro y el crecimiento de los mercados asiáticos. Pero una serie de abusos de esta hegemonía en los últimos tres años ha acelerado este flujo. Los gobiernos occidentales saquearon miles de millones de dólares de cuentas bancarias en dólares de gobiernos “castigados”, dificultando la importación de bienes de consumo necesarios. Así, Venezuela fue robado de $1800 MDD de oro, empeorado su crisis inflacionaria y escasez de alimentos y medicina que ha costado a lo menos 40 mil vidas. [5] Luego, el presidente Joe Biden primero congeló y después robó por acción ejecutiva $7000 MDD de reservas de Afganistán, poniendo el país en el precipicio de una hambruna que amenaza todavía a 28 millones de personas. [6] [7] Y después de la invasión rusa de Ucrania, Europa y los Estados Unidos congelaron hasta $300,000 MDD en activos rusos, un acto ilegal bajo la ley internacional siendo que ni los Estados Unidos ni la Unión Europea han declarado guerra contra Rusia.
Estos abusos han resaltado la urgencia para los países del mundo de independizarse del dólar si quieren ejercer su libertad soberana sobre las políticas económicas. En consecuencia, un conjunto de países, no solo los que se han encontrado en la mira de la agresión estadounidense sino también aliados tradicionales como Arabia Saudita y Francia, están moviendo hacia un comercio en que las transacciones sean en sus monedas nacionales, no en dólares. [8] El ejemplo más significativo, los países del grupo BRICS (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica) que juntos representan más que 40% de la población con más que 25% del PIB mundial, recientemente llegaron a un acuerdo de usar sus propias monedas nacionales en transacciones entre el grupo. En América, el presidente brasileño Lula da Silva ha vuelto a impulsar una moneda continental denominada el Sur para las transacciones internacionales (ojo, no sería un reemplazo para las monedas nacionales para las transacciones domésticas como el euro). [9]
La dependencia estructural en el dólar ha causado enormes daños a las poblaciones de los países en desarrollo, un sufrimiento compartido en México más notablemente en “la Década Perdida” de los ochenta cuando las deudas denominadas en dólares aumentaron descontroladamente debido a la decisión unilateral de la Reserva Federal estadounidense de aumentar tasas de interés, caso similar a lo que está pasando ahora. [10] En ese momento, con la Unión Soviética en colapsó y China apenas iniciando su apertura al mundo, con pocas alternativas el PRI capítulo a las reformas neoliberales impuestas por el FMI (y asesinaron los pocos políticos que si se atreverían tomar el difícil camino de soberanía monetaria, como el candidato presidencial Luis Donaldo Colosio en 1994). Ahora, se están formando las estructuras contra-hegemónicas con el peso internacional para verdaderamente dar una opción diferente.
Soltando al dólar podría significar el fin de las cuatro largas décadas de austeridad en los países del sur global. Se verían liberados de la ancla sobre sus cuellos que es la necesidad de mantener grandes cantidades de dólares en reservas, miles de millones de dólares en cuentas en Nueva York que no se pueden usar productivamente sino se quedan guardados para estabilizar la moneda nacional frente a las fluctuaciones del valor del dólar. Como hemos visto, este dinero está vulnerable al saqueo si un país toma decisiones que no agradan a su amo gringo. Aumentarían las posibilidades para el desarrollo industrial nacional porque devolvería a los estados soberanos su política monetaria, abriendo camino a las deudas productivas que financian nuevas industrias domésticas para proveer las necesidades de consumo y la inversión en nuevas tecnologías de alto valor. La producción para la exportación ya sería una decisión soberana medida con las otras metas nacionales de desarrollo, no una obligación para generar más reservas de dólares.
Esto también significa que no habría tanta presión para mantener bajos los salarios para hacer más lucrativas las exportaciones los salarios podrían volver a crecer con la productividad, algo que no hemos visto desde los setentas. Los países en desarrollo podrían volver a fortalecer sus sectores públicos para la provisión de servicios necesarios como la educación, la salud, y el transporte con la comprensión que estos no son gastos lujosos como dicen los neoliberales, sino inversiones básicas que cualquier país necesita para desarrollarse. Final y más urgentemente, daría un fuerte impulso para los países del mundo en su capacidad de hacer una transición energética hacia la economía verde para poder salvar al mundo del calentamiento global, un salto que sería imposible con el peso del dólar arrastrándolos hacia abajo.
Durante décadas, los Estados Unidos ha mantenido una hegemonía sobre la economía mundial con un puño de hierro, utilizando su control unilateral sobre el dólar para castigar a cualquier país que intente desarrollarse independientemente. Cuando resisten las torturas de las manipulaciones del dólar, los países rebeldes a menudo enfrentan entonces la plena venganza del ejército más letal del mundo. El resultado ha sido un sufrimiento inmenso y completamente innecesario en todo el mundo por la masiva desinversión en los servicios públicos y la desindustrialización, afectando más a los países más pobres, para el beneficio de unos cuantos banqueros en Nueva York. Los recientes impulsos por numerosos países del mundo hacia un sistema monetario internacional más justo, democratico, y plural marca un nuevo amanecer para las personas en toda la tierra. Y otro beneficio - sin la hegemonía del dólar, sería imposible para los Estados Unidos mantener su gasto militar multi-billonario. Apenas estamos en el camino, y seguro el periodo de transición no pasará sin una resistencia feroz por parte del hegemon herido, pero al otro lado del dominio del dólar, podemos esperar un mundo más justo, igual, próspero, saludable, y seguro.