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  • hace 11 horas
  • 10:09
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El “churro” se lo fumó Anabel

El “churro” se lo fumó Anabel

Por Jorge Hernández Aguilera

En los últimos día se ha difundido viralmente en redes sociales un fragmento de una entrevista videograbada de Anabel Hernández, en la que la periodista afirma conocer, a partir de fuentes primarias o cercanas a Palacio Nacional, que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, consume marihuana para lidiar con las fuertes presiones que implica el ejercicio de gobierno.

Anabel Hernández, quien hace una década fuera consagrada por su legitimidad como periodista especializada en narcotráfico en México, con títulos exitosos como Los señores del narco, se convirtió también, a partir de 2018, en una férrea crítica de los gobiernos de la Cuarta Transformación: inicialmente, del presidente López Obrador y, desde 2024, de la presidenta Claudia Sheinbaum, contra quien ha derramado infamias envueltas en bilis, como la actual calumnia.

Y es que Anabel Hernández ha lucrado con esa legitimidad que, hace más de una década, la consolidó dentro del imaginario colectivo del círculo rojo y de las fuerzas mediáticas como una periodista seria, una periodista de fuentes y crítica frente al ejercicio del poder, sin sesgos.

Contrario a esa imagen, Anabel Hernández ha actuado de manera facciosa y política, sin imparcialidad y sin elementos de investigación periodística que sustenten sus afirmaciones a partir de trascendidos que, según ella, ha recibido y que terminan imponiéndose en la difusión y replicación de un sistema de redes que ya han descrito anteriormente la propia presidenta de México y la dirigencia nacional de Morena, y que opera desde las redes sociales, mediante el uso o la amplificación del mensaje con bots y también en coordinación con cuentas parodia de X, así como con los voceros tradicionales del régimen, que han mantenido una difusión permanente de audacias y suspicacias que, desde la ficción, la prensa conservadora intenta instalar en el imaginario público colectivo.

En el constructo misógino y machista de Anabel Hernández, pareciera que la primera mujer presidenta, después de 200 años del México independiente, una mujer científica, con antecedentes en el ejercicio de gobierno y una sólida trayectoria académica, no pudiera tener la sensatez mental, el equilibrio del alma y las agallas suficientes para llevar, en plena lucidez, las riendas del país.

Bajo esa lógica, tendría que recurrir al consumo de marihuana como paliativo frente a los problemas y las presiones que implica gobernar México.

En los anales de la historia contemporánea, Anabel Hernández quedará enmarcada como la mujer que rozó el gran periodismo y que, en la etapa cumbre de su carrera, decidió darle la espalda al rigor y a la cientificidad periodística para abrazar la calumnia, la mentira, la difamación y el utilitarismo faccioso y político de sectores de la derecha mexicana, atravesados también por la influencia y la añoranza del injerencismo gringo.