El partido político mayoritario se prepara y actúa para conservar el poder en México. Morena, es el único partido que en este momento reúne la cualidad de ser un real y estructurado organismo partidario. A todas luces cuenta con una incomparable e incuestionable capacidad de convocatoria y movilización popular.
En muy poco tiempo, su nueva dirigente, que conoce como muy pocos políticamente todo el territorio nacional y a su población respectiva, ha recuperado para su partido el poder de movilización que tendrá en junio de este año su primera prueba en las elecciones locales del estado de Coahuila.
A pesar de que el país vive una serie de arteras intromisiones del gobierno de EUA a través de sus agencias de inteligencia y espionaje que siguen comprando a dilectos comentaristas y periodistas sin escrúpulos, que mienten y difaman día a día, no hay indicios de que el gobierno federal ceda un ápice en sus propósitos de transformación económica, social, jurídica y política de la República. Tampoco disminuye la confianza de las clases sociales mayoritarias, hacia él.
Los grupos de presión en que se han convertido los antiguos partidos como el PAN y el PRI están viviendo solo de su obsesión por la venganza que no les ha permitido valorar el brutal desgaste político que han sufrido desde 2018. Son aliados que comparten el lenguaje visceral de maledicencia e inexactitudes contra el gobierno y la obra pública; sin militantes, sin cuadros ni comités políticos, sin doctrina o programa de acción. Al parecer solo tienen un único objetivo: aniquilar su propia historia. Sin estructura organizativa se han convertido en moronas políticas.
Morena está entendiendo los tiempos actuales. Comprende que no puede perder tiempo, que no puede esperar a que sus adversarios se reúnan en coalición nuevamente. Era ya preciso iniciar y atacar como lo hizo significativamente en Chihuahua para romper de una buena vez la destartalada hegemonía panista en ese territorio.
Es evidente que en la entidad norteña la traición a la democracia y corrupción de sus gobernantes (priistas y panistas) de los últimos cuarenta años no ha sido ignorada por sus ciudadanos siempre atentos y participes al cambio político necesario. Hay diversos testimonios históricos de cómo los ciudadanos críticos chihuahuenses se acercan periódicamente al grupo gobernante que ayuda no al que daña.
A Morena el éxito en política no se le dispensa. Toda la oposición partidaria minoritaria está rebasada y en plena descomposición, más nunca el partido mayoritario les ha impedido desde el poder federal su derecho a estar representados en los congresos, gubernaturas o ayuntamientos.
Sin embargo, acostumbrados históricamente los dirigentes de esas oposiciones minimas, a actuar bajo las reglas del compadrazgo, del nepotismo, de la protección gubernamental no quieren aceptar el nuevo marco jurídico. El novedoso juego de reglas escritas para la transformación. Un Estado de derecho que se está construyendo (sin ellos) donde en principio funciona una verdadera separación de los poderes de la República.
Las obligaciones del gobierno de facilitar a todos los gobernantes estatales y municipales el cumplimiento de sus funciones es una realidad contundente. Lo que no deberá ya permitirse es la obstaculización al proyecto nacional que está apoyado desde hace ocho años por las grandes mayorías de la población.
La nación exige que se cumplan las leyes escritas, un régimen de derecho en el cual se sancione a todos los culpables que transgredan las leyes. Por ello, Morena debe encabezar la apertura del expediente de lo que ha sido el ejercicio del poder público en México durante los últimos cuarenta años.
La valoración de todos los actores participantes en la lucha por el poder público es una tarea que no deseamos solo los historiadores sino también muchas fuerzas sociales del país.
Los mexicanos debemos conocer y discutir abiertamente lo que ha significado la antidemocracia, el autoritarismo y las prácticas de corrupción de todos los gobiernos mexicanos que llegaron al poder público desde el año de mil novecientos ochenta y dos a la fecha actual.
Abrir ese expediente de las décadas de la protección ilegal, del compadrazgo, del nepotismo, del fraude electoral, las décadas de la corrupción del sistema prianista deberá ser profundamente saludable para la sociedad mexicana.
Sólo así podrá reconocerse lo que encarna hoy el movimiento de transformación nacional. De hecho, se conocen muchos cuestionamientos a las prácticas priistas y panistas, pero conocer a profundidad todos los hechos ilegales e ilegítimos son tareas pendientes de todos los mexicanos para aprender la lección y no incurrir en lo mismo en el presente y el futuro.