Estas semanas un microorganismo llenó titulares al norte de la frontera: se trata de la Cyclospora cayetanensis causante de la ciclosporiasis, —"diarrea explosiva", como ya la rebautizaron algunos— enfermedad que tiene ocupadas a las autoridades sanitarias de los Estados Unidos.
Desde mayo, las autoridades sanitarias contabilizan cerca de siete mil casos entre confirmados y probables, en 34 estados de los EEUU. Es uno de los mayores brotes de enfermedad transmitida por alimentos que ese país ha visto en años, y la fuente aún se investiga: por ahora las miradas apuntan a lechuga picada servida en cadenas de comida rápida.
De este lado de la frontera, una pregunta se repite con preocupación en la sobremesa y en los noticieros: ¿esta enfermedad llegará a México? Desde el punto de vista de la salud pública la pregunta está mal formulada.
Para preguntar si algo "llega" hay que dar por hecho que todavía no está aquí. Y Cyclospora es un viejo conocido de la casa. En los boletines de la propia Secretaría de Salud hay registros de brotes por este parásito desde finales de los ochenta. En 2001 se notificaron 92 casos ligados al consumo de berros. Y cuando alguien se ha tomado la molestia de buscarlo en serio, lo encuentra: un estudio en el Hospital Infantil de México halló el parásito en más del once por ciento de las muestras de niños pequeños con diarrea. Once de cada cien. Eso no es un intruso extranjero; es un huésped de casa.
La ciclosporiasis se encuentra presente en regiones tropicales y subtropicales de México, donde las condiciones ambientales favorecen la persistencia del parásito. A esto se conoce como un problema de salud pública “endémico”. Por lo tanto el riesgo de adquirir la enfermedad es permanente y debe ser asociado sobre todo al consumo de frutas y verduras frescas no desinfectadas, que están contaminadas con heces humanas, algo que suele ocurrir durante el riego.
Entonces la pregunta útil no es si va a llegar, sino otra más incómoda: ¿cuánto circula ya aquí, sin que nadie lo cuente?
La respuesta tiene que ver con una trampa técnica. La Cyclospora no aparece en el estudio de heces de rutina, ese "coproparasitoscópico" que solicitamos cuando andamos mal del estómago. Para detectarlo, el médico tiene que sospecharlo y pedir de manera expresa una prueba especial que muchos laboratorios ni siquiera ofrecen, tal como son los paneles moleculares gastrointestinales conocidos como pruebas PCR. Si nadie lo pide, nadie lo encuentra; y si nadie lo encuentra, en las estadísticas no existe. Así, muchas de esas diarreas de una o dos semanas que atribuimos a "algo que me cayó mal" bien podrían ser ciclosporiasis que jamás llevó nombre y apellido.
Ese es el punto: en México el problema no es que no haya casos, sino que faltan diagnósticos. Y una enfermedad que no se diagnostica es una enfermedad que no se vigila.
Frente al brote estadounidense, el Estado mexicano no se ha quedado de brazos cruzados. Las secretarías de Salud y de Agricultura activaron un grupo técnico coordinado en el que participan la Cofepris, que vigila los riesgos sanitarios de los alimentos; la Dirección General de Epidemiología, que concentra los casos a través del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica; y el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA), que protege los recursos agrícolas, contra plagas y enfermedades de importancia. Se emitió, además, un aviso preventivo para quienes viajan a Estados Unidos. Son pasos correctos, aunque el reto de fondo sigue en pie: buscar el parásito para poder documentar los casos.
Mientras las instituciones hacen su parte, hay mucho que cada uno puede hacer en su cocina, y no requiere alarma, sino hábito. Lavar frutas y verduras con calma, tallando bajo el chorro, sobre todo las hojas verdes como lechuga, cilantro y hierbas frescas, donde el parásito se esconde mejor. Desinfectar lo que se come crudo. Beber agua segura. Lavarse las manos antes de cocinar y de comer, con mayor razón quienes preparan alimentos para otros. Y algo muy importante: si la diarrea se prolonga más de una semana, va y viene y no cede, conviene pedirle al médico que considere específicamente Cyclospora. Existe tratamiento efectivo, pero solo funciona si antes se identificó correctamente al microorganismo causante de la diarrea.
La ciclosporiasis rara vez es mortal, pero deshidrata y desgasta, sobre todo a niños, adultos mayores y personas con defensas bajas. No se contagia con un apretón de manos: entra por lo que comemos y bebemos. Ahí está la buena noticia escondida. Un enemigo que llega por el plato también se combate desde el fregadero.
La pregunta, insisto, no es si va a llegar. Ya está entre nosotros. El verdadero señalamiento es si vamos a decidir, por fin, identificarlo y mirarlo de frente.