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  • 08 Jun 2023
  • 19:06
  • SPR Informa 6 min

Beef, una inteligente deconstrucción de la vida perfecta

Beef, una inteligente deconstrucción de la vida perfecta

Por Mónica Muñoz .

La serie Beef desde el principio nos muestra su interés por la representación de una escena cotidiana que dista mucho de la vida perfecta de los protagonistas, quienes se enganchan en una disputa al volante que desencadena en un cúmulo de venganzas imparables y daños irreversibles. 

La historia comienza a deconstruir la vida de los personajes de los que se intuye llevaban una vida “normal” antes del incidente de carro, en donde el espectador puede percibir el grado de frustración de los protagonistas.

A lo largo de los capítulos se muestra un debate interno de los personajes: por un lado de contención y por el otro, basta cualquier detonante para que su ira explote. 

Así comienzan a entrar en un juego buscando “no quién se las hizo sino quien se las pague”, y el enfrentamiento al volante es la excusa perfecta en la que ambos encuentran aquél con quien descargar su enojo reprimido. De esto va la venganza. 

Estos dos protagonistas los encarnan Daniel, un contratista fracasado, y Amy, una empresaria descontenta.

Daniel es un hombre solitario quien carece de una relación entre iguales, vive con su hermano menor, por tanto, asume un papel protector. También convive con su primo, de quien es víctima de una relación de poder de forma pasiva, pero constante. 

Amy, por su parte, también se torna incapaz de tener una relación sana entre iguales. No podría contarle sus problemas a su pequeña hija, pero, cuando intenta contárselo a su marido, éste se esfuerza en reprimir sus emociones tratando de evadirlas y llevarlas hacia lo positivo. 

Las consecuencias psicológicas de la represión de las emociones, ya lo analizó Jung, es que tarde o temprano éstas pugnan por ser tomadas en cuenta, así que van a rebelarse y salir, como se observa desde la primera escena en donde exteriorizan su furia tanto Amy como Daniel.

El coraje con el que se enfrentan ambos personajes sigue pesando sobre la adopción de las siguientes escenas: los daños van escalando a los miembros de sus familias hasta llegar a un punto decadente.

Lo interesante de la serie es cómo se va llevando la comedia de humor negro para mostrar la frustración de una sociedad oriental ya adaptada a las costumbres occidentales y explorar el vacío que conlleva el consumo. Y con consumo no sólo me refiero a la comida rápida y basura que terminan deglutiendo en diferentes momentos los protagonistas, sino a una ideología que fomenta un “hacer” continuado y obsesivo para no voltearse ver a sí mismos, y que la vida se llene con cada vez más actividades. 

En el caso de Amy, todo el esfuerzo y camino que recorre por tener un montón de dinero se refleja a través de su trabajo. Dany, por su parte, está empeñado en construir una casa para sus padres. En ambos casos el objetivo los lleva al sacrificio, a un desplazamiento de escucharse a ellos mismos por la consecución del dinero. 

El director coreano Lee Sung Jin toma la decisión de fragmentar la estructura narrativa, primero nos presenta la vida actual de los protagonistas para luego retroceder en la infancia de cada uno de los personajes, Amy se ve orillada a fingir para ser aceptada y Dany a tomar el papel de padre para su hermano menor, lo que crea un lazo de empatía con el espectador hasta que ambas tramas se conjugan en una misma. 

Es una película que trata temas como la exigencia de la sociedad por llevar una vida aparentemente perfecta, se explora el vacío de la existencia y el propósito de vida y aunque al final excede un tanto la explicación de que ambos son personajes espejo, queda una sensación de alivio en que pase lo que pase, todo estará bien.