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  • 10 Sep 2025
  • 19:09
  • SPR Informa 6 min

Cibersoberanía en tiempos de Trump

Cibersoberanía en tiempos de Trump

Por Ernesto Ángeles .

La semana pasada el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a la carga en contra de la Unión Europea con su tradicional chantaje comercial, la razón esta ocasión se debe a una multa de 3,457 millones de dólares impuesta por la Unión Europea a Google por motivo de abuso en el mercado de publicidad, esto ocasionó que Trump amenazara a la Unión Europea de imponerles sanciones.     

Más allá de ser un hecho aislado, esta práctica de chantajes, extorsiones y amenazas es un hábito en la política exterior de los Estados Unidos de Trump, la cual también se caracteriza por su aversión contra la globalización y el orden global construido por Estados Unidos, siempre que esto no les beneficie injusta y desproporcionadamente. 

Y es que, si analizamos la política comercial y financiera del trumpismo, podemos identificar que éste no está en contra del globalismo, sino en contra de que EUA no saque una ventaja a través del dominio hegemónico; por lo que, mientras que puso de cabeza el mundo del comercio, las finanzas y los servicios siguen tan o más globalizados según lo permiten las capacidades de EUA. En este escenario, el mercado tecnológico juega un papel fundamental, ya que mientras en otras áreas comerciales la hegemonía estadounidense es un recuerdo del pasado, en el mercado tecnológico -y su gobernanza- el país sigue siendo un fuerte referente mundial.

No hay que olvidar que uno de los principios básicos del globalismo es el desdibujamiento de la soberanía y las decisiones soberanas en favor de actores e instituciones globales, es justo aquí donde el tema de la ciber soberanía cobra relevancia, ya que Trump está enfocado en que Estados Unidos mantenga y aumente el dominio global de sus empresas tecnológicas, así como en dictar la gobernanza del sistema tecnológico, avasallando y encerrando en el proceso a sus antiguos aliados en un marco de dependencia que no hará más que aumentar y sumar nuevos mercados, siempre que la tecnología lo permita.

Es por eso por lo que Trump no sólo defiende a empresas como Google, X o Facebook de gobiernos soberanos como el de Canadá, la Unión Europea o Brasil, sino que al interior de Estados Unidos también está haciendo todo lo posible para librar a las bigtech de regulaciones nacionales y locales, así como de diluir juicios antimonopolio pendientes. También por eso Trump les está permitiendo a las grandes tecnológicas sentarse en la mesa del poder estadounidense como actores de pleno derecho, ya que es evidente que la administración trumpista tiene la confianza que la influencia y el poder tecnológico ayudarán a EUA a recobrar parte de su hegemonía global perdida.

Y aunque tal anhelo suene exagerado, existe parte de razón en él, ya que la tendencia de absorber mercados y líneas de producción es un factor que les otorga a las empresas de tecnología aún más capacidades de poder; además, al ser productos con un capital fijo tan costoso, pero adaptable, les permite por un lado disminuir la competición debido a los enormes costos de ingreso que tecnología como la IA impone, mientras que por el otro lado, capital como centros de cómputo con chips avanzados, una inmensa cantidad de datos o la mano de obra más calificada les permite ingresar a mercados no tecnológicos, como la alimentación, la hotelería o las ventas. Asimismo, está el factor de la sustitución de mano de obra, lo que puede fortalecer aún más las capacidades de las empresas de tecnología frente a los Estados y gobiernos a la hora de negociar. 

Lo anterior se acompaña de una crónica dependencia y pasividad internacional alimentadas por décadas de políticas nacionales ciegas a los peligros de la tecnología, generándose con todo lo anterior una trampa: los países no pueden apostar por fuertes controles a las empresas de tecnología de Estados Unidos, tampoco fomentar su mercado tecnológico interno sin que Estados Unidos salga a amenazar e imponer sanciones, ni acceder a tecnología como semiconductores avanzados sin el permiso de Estados Unidos. 

Entonces, ¿Qué hacer? No existe una opción u fórmula mágica para lograr un mercado tecnológico más justo, sino que existen opciones que cada Estado puede adaptar según sus intereses y contexto. 

Entre las diversas opciones que tienen los países están: equilibrar la dependencia tecnológica con opciones de código abierto; incorporar a los mercados y soluciones públicas tecnología de otros países; crear regulaciones que no entren en conflicto directo con las empresas, pero que promuevan la rendición de cuentas y la competencia; fomentar ecosistemas nacionales de innovación que incluyan todo el ciclo de producción o los más posibles; promover la cooperación internacional no sólo para la regulación, sino para la creación de proyectos de tecnología de código abierto; crear una estrategia e instituciones nacionales que sostenga todo o parte de lo anterior; entre otras opciones.

En suma, la cibersoberanía en tiempos de Trump revela un pulso geopolítico en el que la tecnología deja de ser un simple sector económico para convertirse en herramienta de poder estratégico. Esta dinámica no solo pone a prueba la capacidad de los Estados para regular y proteger sus propios mercados, sino que también redefine la noción misma de soberanía: ya no basta con el control de las fronteras físicas, sino que es necesario blindar el espacio digital frente a presiones y sanciones que pueden alterar economías enteras; en este contexto, la disyuntiva de los países no es únicamente técnica o comercial, sino política y estratégica.