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De la mentirocracia, la Inteligencia Artificial y las redes sociales

De la mentirocracia, la Inteligencia Artificial y las redes sociales

Por Alfredo Olvera

“Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”
Joseph Goebbels

Un día sí y el otro también, la derecha golpea, desde todos los frentes posibles, cualquier acción del Gobierno Federal que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. No importa si se trata de un programa social, de una obra pública, de una decisión soberana, de un avance económico o de una política pública pensada para el pueblo: para ellos todo está mal, todo es escándalo, todo es sospecha y todo debe convertirse en mentira.

Buscan desestabilizar, entorpecer y demeritar cualquier logro, avance o apoyo social legítimo. Lo hacen a través de sus plumas amanuenses, de los medios tradicionales que durante años se acostumbraron a vivir del poder, de opinadores disfrazados de periodistas y hasta de organizaciones internacionales de derecha que, curiosamente, siempre aparecen cuando un gobierno progresista y liberal toca sus intereses.

Hubo un tiempo en que Andrés Manuel López Obrador habló de las “benditas redes sociales” y tenía razón. Las redes sociales rompieron el cerco informativo de los medios tradicionales, esos que durante años decidían qué se decía, qué se ocultaba, a quién se destruía y a quién se le cuidaba la espalda. Fueron una bocanada de aire fresco para millones de mexicanos que ya no se sentían representados por los noticieros de siempre, por las columnas pagadas ni por los comentócratas de escritorio.

Pero una cosa son las benditas redes sociales del pueblo informado, organizado y participativo, y otra muy distinta son las redes prostituidas por la mentira, por los bots, por las páginas anónimas, por la inteligencia artificial usada como fábrica de calumnias y por los esquiroles digitales de la derecha. Las redes son benditas cuando sirven para denunciar abusos, exhibir corrupción, organizar causas justas y darle voz a quienes nunca tuvieron micrófono; pero se vuelven una cloaca cuando se usan desde el anonimato para difamar, manipular, fabricar odio y repetir mentiras hasta que parezcan verdad.

Por eso no es contradicción que antes se defendieran las redes sociales y hoy la presidenta de la República hable de regular la inteligencia artificial y las plataformas digitales. No se trata de callar al pueblo ni de limitar la crítica legítima. Se trata de ponerle freno a la cobardía organizada, a la mentira fabricada, a la manipulación digital y a quienes usan la tecnología no para informar mejor, sino para engañar más rápido.

La derecha entendió que ya no le basta con tener medios tradicionales, opinadores a sueldo y plumas amanuenses. Ahora también necesita páginas falsas, cuentas sin rostro, campañas coordinadas, videos editados, imágenes manipuladas y ejércitos digitales para tratar de desestabilizar lo que no pudo derrotar en las urnas. Esa es la nueva mentirocracia: el gobierno de la mentira disfrazada de noticia, la calumnia convertida en estrategia y el anonimato convertido en refugio de cobardes.

El debate serio no debe ser si se regulan o no las redes y la inteligencia artificial, sino cómo se regulan sin afectar la libertad de expresión del pueblo ya que criticar al gobierno debe seguir siendo un derecho; denunciar la corrupción debe seguir siendo un deber; cuestionar al poder en turno debe seguir siendo una obligación democrática, pero fabricar mentiras con bots, esconderse en páginas anónimas, manipular imágenes con inteligencia artificial y operar campañas de odio no es libertad de expresión: es guerra sucia, normalizar la mentira y fomentar la cobardía.

Bajo la máxima atribuida al nacionalsocialismo de la Segunda Guerra Mundial, la derecha miente mil veces, no para cultivar una sociedad democrática, sino para alimentar una guerra sucia, cobarde y polarizante. Y, naturalmente, la guerra sucia no informa: envenena; no construye democracia: la pudre y la prostituye. No defiende la libertad: la usa como máscara para proteger la cobardía.

Por eso, frente a la mentirocracia, la respuesta debe ser más conciencia, más organización, más pensamiento crítico y más pueblo informado. Porque la mentira corre rápido y se enciende como pólvora, pero la verdad camina firme y sin cansancio y, tarde o temprano, alcanza.

Al Tiempo Tiempo.