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De las revoluciones, la de octubre es más hermosa

De las revoluciones, la de octubre es más hermosa

Por Uziel Medina Mejorada

De las lunas, la de octubre es más hermosa, porque en ella se refleja la inquietud de millones de almas que han querido ser dichosas a la agitación de su plena juventud.

Iniciamos octubre, como cada año desde hace 58 años, conmemorando el crimen de estado contra los estudiantes que se levantaron contra el autoritarismo del priato y, en su lucha, unieron a todo un pueblo en una sola consigna; sindicatos, profesores, amas de casa, gente de toda clase, de todas las luchas, de todas las edades. El 2 de octubre no es solamente la memoria de los sobrevivientes como testimonio permanente, es una estafeta generacional que mantiene encendida la llama de libertad, la dignidad y la justicia. 

Detrás de la conmemoración, a paso veloz, tomando impulso desde septiembre y alcanzando su punto más álgido el 17 de octubre, Francia alumbró un nuevo movimiento estudiantil que revive las reminiscencias de 1968, agitado por las protestas en Estados Unidos contra la guerra de Vietnam y la demanda de derechos civiles de la comunidad afroamericana, la lucha por liberar la educación del régimen conservador en Francia, y la defensa de un socialismo humano durante la Primavera de Praga. 

Francia, 58 años después, vuelve a ser epicentro de las luchas estudiantiles, congregando a cientos de miles de jóvenes que han decidido plantar cara a un modelo diseñado para maximizar el beneficio de las élites y la carga sobre la clase trabajadora. Lo que inició en Créteil como una demanda de más profesores, ajuste de horarios y mejoramiento de la infraestructura escolar, se ha ampliado a un tema profundamente sensible que durante los últimos años ha hecho eco en la base, pero no resuena en la toma de decisiones, el encarecimiento del coste de vida entre la población juvenil. 

Como en 1968, la lucha estudiantil ha logrado el arropo de otros sectores, como los sindicatos, los bomberos y un abanico amplio de la sociedad civil, entre los que han vuelto a destacar los chalecos amarillos y dando lugar a imágenes tan crudas como esperanzadoras, de represiones policiales hasta la misma marcha de policías y otros funcionarios públicos hombro con hombro con los manifestantes, sacudiendo el frágil equilibrio del poder simbólico institucional. 

La nueva revolución francesa también ha contagiado otras latitudes, encendiendo aún más los ánimos en España, donde los costos del alquiler están provocando un terremoto institucional, así como un fuerte rechazo a las políticas segregacionistas y xenófobas en el sistema educativo italiano, poniendo contra las cuerdas a Meloni en Italia, como a Macron en Francia. Síntomas semejantes se viven en Albania, donde el costo de vida, el deterioro de la educación y la sanidad, así como el repudio a la colonización trumpista, han encendido el descontento social. Bélgica no se ha quedado atrás en reclamar por los recortes presupuestales que se traducen en aumentos de costos sobre las matrículas universitarias. 

Alrededor de los hechos no se puede soslayar el impacto que ha tenido, por un lado, la incapacidad de las actuales instituciones globales para garantizar un modelo económico acorde a las necesidades de vida de la clase trabajadora, la respuesta por demás insuficiente frente al genocidio en Gaza y Líbano que, para variar, ha terminado por reprimir a los ciudadanos europeos que ejerciendo su libertad de expresión han sido perseguidos por reclamar un alto a la violencia y, por otro lado, el amenazante avance de la ultraderecha en el mundo, con una agenda que se alinea con los intereses de la guerra, el genocidio, el feudalismo tecnolátrico y el fortalecimiento de un sistema que beneficia la sobre acumulación en manos de los pocos y la sobre explotación del ecosistema y la auto explotación de la clase trabajadora. 

Es precisamente en esa coyuntura que, el movimiento estudiantil alrededor del mundo ha interrumpido el devenir de la historia con una participación monumental. La primera, el revés electoral en Brasil, que, tras la primera vuelta que vaticinaba como ganador al sucesor de la dinastía Bolsonaro, inundaron las calles y contrarrestaron algoritmos para finalmente darle la victoria en segunda vuelta a Lula da Silva, poniendo un frenazo al intervencionismo yankee en América; y la histórica movilización de la Studentska Lista que ha derrotado a Aleksandar Vučić y su hegemonía ultra derechista. 

En medio de tan oscura noche para el mundo, una vez más han sido los estudiantes los que han encendido la luz de la esperanza; la juventud nunca es una generación perdida. Resuenan las palabras de Gramsci: "Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda nuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo nuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda nuestra fuerza”.

¡Que vivan los estudiantes, jardín de nuestra alegría!