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El Mundial también se juega en la cancha de la salud

El Mundial también se juega en la cancha de la salud

Por Juan Manuel Lira

México se alista para recibir una parte del Mundial del 2026 y ya hablamos de estadios, boletos, turismo, camisetas, himnos y de esa ilusión de sentirnos, aunque sea por unas semanas, parte de una misma tribuna.

Pero mientras el balón empieza a rodar, hay otro partido que debe jugarse con seriedad: el de la salud pública. Porque en el futbol, como en la salud pública, los partidos se ganan con preparación, orden y buena lectura del campo.

¿Cuáles son los riesgos para la salud en este Mundial? Hay que decirlo sin alarmismo: el riesgo real no es que llegue una enfermedad rara, ni que el país viva pendiente de un brote de ébola. Los riesgos verdaderos son más cotidianos, más previsibles.

El Mundial será una fiesta, sí, pero también es una concentración masiva de personas. Llegan visitantes de distintos países y se llenan aeropuertos, hoteles, restaurantes, bares, estadios, plazas públicas y transporte. La gente canta, se abraza, come en la calle, toma cerveza y celebra. Todo eso forma parte del color futbolero. Pero para la salud pública, cada escena también es una variable.

El primer foco debe ser el sarampión. Un evento internacional puede amplificar lo que ya circula. México llega a esta cita con un brote que no puede tomarse a la ligera: al último corte de mayo de 2026, la Secretaría de Salud reportaba más de 17 mil casos confirmados y 41 defunciones acumuladas. En lenguaje futbolero, no es un rival menor, es uno que presiona alto y no perdona descuidos.

La vacunación es la defensa colectiva. Es la línea de cuatro, antes de que el rival llegue al área. Con sarampión, una cobertura incompleta abre espacios; y en salud pública, como en el futbol, los espacios mal cubiertos se pagan caro.

También hay que cuidar las infecciones respiratorias. Después de la pandemia aprendimos que los virus viajan bien en espacios cerrados, transporte saturado y reuniones multitudinarias. COVID-19, influenza y otros cuadros respiratorios no necesitan reflectores para causar problemas. La prevención aquí tampoco requiere dramatismo: vacunación, higiene de manos, ventilación, atención temprana y quedarse en casa cuando hay fiebre o síntomas importantes.

Otro riesgo será el de las enfermedades gastrointestinales. Lo que en el lenguaje turístico suele llamarse “diarrea del viajero” no es una anécdota menor ni un mal chiste de sobremesa. Es uno de los problemas más frecuentes cuando miles de personas comen en la calle, en restaurantes, ferias y zonas de aficionados. En 2025, tan solo hasta la semana epidemiológica 16, México registró más de 1.9 millones de casos de enfermedades infecciosas intestinales. Ese dato basta para entender que la inocuidad alimentaria no es un trámite administrativo, es una defensa sanitaria.

Y aquí vale decirlo con toda claridad: cuidar los alimentos no es estar contra la fiesta. Al contrario. Es cuidar que la fiesta no termine en una sala de urgencias. Lavado de manos, agua segura, hielo confiable, refrigeración adecuada, baños suficientes, manejo correcto de residuos y vigilancia sanitaria en puntos de venta son puntos importantes de la logística futbolera.

El calor merece capítulo aparte. El Mundial se jugará en verano, y México no es un país homogéneo. En las sedes puede haber deshidratación, insolación o eventos cardiovasculares precipitados por calor, alcohol, cansancio y caminatas largas. La prevención es sencilla: sombra e hidratación. A veces, en salud pública, una botella de agua bien colocada evita una ambulancia.

Y luego están las multitudes. Las “zonas de aficionados”, plazas públicas y celebraciones pueden ser memorables si el aforo, las salidas, la movilidad y los servicios médicos están bien calculados. La gestión de masas es prevención de caídas, golpes, crisis de pánico, riñas e intoxicaciones. Un espacio lleno no siempre es un éxito; a veces es una alerta si rebasa su capacidad.

El gobierno federal ha comenzado a mover piezas importantes: aviso preventivo de viaje, vigilancia epidemiológica, coordinación trinacional, capacitación, filtros sanitarios, simulacros, vacunación y preparación hospitalaria. Son acciones pertinentes. Pero el éxito no dependerá solo de anunciar protocolos, sino de que funcionen en el terreno: aeropuerto, hotel, restaurantes, estadio, metro, plaza pública y capacidad de respuesta en hospitales.

El Mundial será una oportunidad para mostrar hospitalidad, alegría y capacidad organizativa. Que se llenen las plazas, que suenen los cánticos y que el balón nos recuerde lo que todavía puede unirnos.

En estos partidos que se jugarán en México, el marcador no se medirá solo en goles. Se medirá en brotes evitados, golpes de calor atendidos a tiempo, alimentos seguros, servicios médicos preparados y una población bien informada. El mejor Mundial no será aquel en el que no pase nada, sino aquel en donde lo previsible se prevenga y lo inesperado se atienda adecuadamente. Dicho lo anterior, ¡que ruede el balón en la cancha!