¿Quién gobierna realmente los mercados alimentarios?
Durante casi cuatro décadas el neoliberalismo sostuvo que los mercados podían autorregularse y que la intervención del Estado era un obstáculo para la libre competencia. El resultado fue exactamente el contrario: el debilitamiento de la rectoría pública abrió paso a una extraordinaria concentración del poder económico en unas cuantas corporaciones trasnacionales.
La alimentación es uno de los ejemplos más claros. Corporaciones de origen estadounidense y europeo ocupan posiciones dominantes en el comercio mundial de granos; consorcios alemanes, estadounidenses y chinos participan en mercados estratégicos de semillas y agroquímicos; mientras gigantes surgidos en Suiza, Estados Unidos y Europa tienen una enorme presencia en la producción, transformación y comercialización de alimentos.
No hace falta mencionar sus nombres. Están presentes en las semillas, los fertilizantes, las cosechas, los almacenes, las industrias procesadoras y los supermercados.
La cuestión de fondo no es solamente cuánto concentran, sino cuánto poder ejercen. Cuando unos cuantos compradores pueden imponer precios y condiciones de comercialización a millones de productores, ya no estamos frente al mercado idealizado por el neoliberalismo. Estamos frente a una disputa por su gobernanza.
México no escapó a este proceso. Entre 1995 y 2025 las importaciones de maíz, frijol, arroz y trigo pasaron de 4.2 a 27.2 millones de toneladas, mientras la producción nacional aumentó apenas de 23.5 a 28.1 millones. Nuestra dependencia de las importaciones pasó de 21 a 52 por ciento del consumo nacional aparente de estos granos.
Frente a esta herencia, recuperar la capacidad nacional para producir nuestros alimentos y la rectoría del Estado es una cuestión de soberanía y es prioritaria.
En esa dirección, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha colocado la soberanía alimentaria como principio rector de la política para el campo. Cosechando Soberanía, Alimentación para el Bienestar, Leche para el Bienestar y la creación de la Productora de Semillas para el Bienestar forman parte de una estrategia para incrementar la producción nacional y fortalecer a las y los pequeños y medianos productores.
Se trata de invertir la ecuación neoliberal: frente a la concentración corporativa, fortalecer la producción nacional; frente a la dependencia, autosuficiencia; frente al retiro del Estado, recuperar su rectoría.
Porque la soberanía alimentaria no consiste únicamente en disponer de alimentos. Significa tener la capacidad de producirlos y decidir sobre ellos, y garantizar que el derecho a la alimentación prevalezca sobre los intereses y las ganancias de unas cuantas corporaciones.