• SPR Informa
  • SPR Informa
  • SPR Informa
  • SPR Informa
  • SPR Informa
  • https://www.sprinforma.mx/noticia/timbiriche-el-lado-incomodo-del-exito
  • hace 9 horas
  • 07:10
  • SPR Informa 6 min

Timbiriche: el lado incómodo del éxito

Timbiriche: el lado incómodo del éxito

Por Ilich Paz Radillo

La serie de Timbiriche, estrenada en ViX, invita a revisar cómo se construyó uno de los mayores éxitos del pop mexicano y qué ocurría con sus integrantes mientras el país entero cantaba sus canciones.

Otras bioseries, como las de Luis Miguel, Juan Gabriel o José José, despertaron curiosidad por los romances y conflictos familiares de sus protagonistas. La de Timbiriche, en cambio, permite observar ciertas contradicciones de aquella imagen de juventud, libertad y felicidad que acompañó al grupo. Ignoro si fue una intención de sus creadores o si la propia historia terminó por exhibirlas.

Una generación quiso ser Timbiriche

Timbiriche vendía canciones, pero también formas de ser. Millones de niñas, niños y adolescentes querían parecerse a Sasha, Paulina, Alix, Benny, Erik, Mariana o Thalía. Copiaban sus peinados, ensayaban sus coreografías y elegían a su favorito según la personalidad con la que más se identificaban. La música era parte de un negocio que incluía conciertos, discos y toda clase de mercancías.

Las ventas permiten hacerse una idea de su alcance. A Timbiriche VII, de 1987, se le atribuyen unos tres millones y medio de copias, mientras que Timbiriche VIII y IX habría vendido cuatro millones entre México y Sudamérica, según publicó el diario ecuatoriano El Comercio en 2010. Son cifras que no he podido contrastar con certificaciones regionales, pero que dan cuenta de las ventas que se atribuían al grupo.

El poder de los adultos

Aquellos adolescentes crecieron en una industria donde las decisiones importantes estaban, casi siempre, en manos de adultos. La historia de Sasha Sokol permite entender las consecuencias que podía tener esa relación de autoridad.

Sasha tenía 14 años cuando comenzó una relación con Luis de Llano, entonces de 39. Él era uno de los productores responsables de Timbiriche y tenía influencia sobre las oportunidades profesionales de sus integrantes. También era tío de Benny Ibarra, integrante del grupo y quien antes había sido novio de Sasha. No se trataba, pues, de alguien ajeno a su vida cotidiana, sino de un adulto cercano que además tenía poder sobre su carrera.

La cantante ha explicado que aquella relación estuvo marcada por una manipulación emocional que hoy identifica como grooming. Después de denunciar públicamente a De Llano, emprendió acciones legales. En 2025, la Suprema Corte estableció que la reclamación civil por daños derivados de violencia sexual sufrida durante la infancia no prescribe. La resolución no fue una condena penal, pero sí fijó un criterio importante para las víctimas.

Según Sasha, la serie recreó su relación con el productor sin consultarla. Otros cinco exintegrantes señalaron que tampoco participaron en el proyecto, y Edith Márquez respaldó su postura. Esto plantea una cuestión que los creadores de ficciones basadas en hechos reales no deberían pasar por alto: cómo contar una experiencia dolorosa sin imponerle a quien la vivió una nueva versión de su propia historia.

El trabajo detrás del espectáculo

Y hay otra forma de ejercer autoridad sobre un artista joven: decidir cuánto vale su trabajo y quién se queda con sus ganancias.

Diego Schoening ha contado que los integrantes recibían solo una parte de lo que se cobraba por sus conciertos y que no percibían regalías discográficas. Según su testimonio, las ventas y los escenarios llenos no significaban necesariamente una remuneración proporcional para quienes sostenían el espectáculo.

Un grupo de menores de edad como Timbiriche tendría hoy que ajustarse a disposiciones legales distintas, con protecciones para su educación, salud y condiciones de trabajo. Las reglas específicas dependen de la edad y de la actividad artística que desempeñen.

Eso no significa aplicar sin más las leyes actuales a los años ochenta. Significa reconocer que los ensayos, las grabaciones, los viajes y las presentaciones ocupaban buena parte de la infancia y adolescencia de sus integrantes, mientras otras personas decidían por ellos.

Lo que aún falta preguntar

«Eran otros tiempos», se escucha con frecuencia. Es cierto. Pero lo que entonces se aceptaba también merece ser examinado por sus consecuencias, no solo por las costumbres de la época.

Nada de esto obliga a renunciar a las canciones de Timbiriche ni al afecto que varias generaciones les tienen. Su importancia musical permanece, aunque hoy podamos escuchar esas canciones con otras preguntas en mente.

Y quizá esas preguntas no deban limitarse a Timbiriche. ¿Cómo vivían otros grupos infantiles y juveniles de aquellos años? ¿Quién negociaba sus contratos, administraba sus ingresos y tomaba decisiones sobre sus carreras? No hay razones para suponer que todas las historias fueron iguales. Precisamente por eso convendría conocerlas: para saber en qué condiciones crecieron los artistas que acompañaron la infancia y adolescencia de millones de mexicanos.