Mucho se ha hablado del gusano barrenador del ganado (GBG) y no han faltado los titulares alarmistas de algunos medios que lo llaman el “gusano devorador de humanos”, ya que se alimenta de tejido vivo, por lo que es necesario derrumbar los mitos que hay sobre esta plaga.
Pero vayamos al inicio: Desde mediados del siglo XX, el gusano barrenador ha provocado infestaciones severas en el ganado.
Durante varios años los productores han enfrentado dificultades para controlar la propagación de la plaga, principalmente en zonas con climas tropicales y subtropicales, donde las condiciones ambientales favorecen su desarrollo.
México detectó el primer caso en su frontera sur, específicamente en Chiapas en noviembre de 2024. Y es importante destacar aquí que la mosca que genera este gusano o larva (Cochliomyia hominivorax) llegó de Centroamérica.
En 2006 el gusano barrenador del ganado superó la barrera biológica del Tapón del Darién, un bloque vegetal que se extiende en la frontera entre Panamá y Colombia. En este lugar, debido a la complejidad que plantea una selva impenetrable, se interrumpe la carretera Panamericana.
Los expertos creen que la mosca viajó desde Sudamérica a través de esta densa selva que lo había mantenido a raya durante casi treinta años; pero lo que aún no definen es si cruzó el Tapón del Darién con el ganado o en otro animal de sangre caliente.
Así, la plaga se expandió a Costa Rica, Panamá y después explotó en Nicaragua antes de avanzar rápidamente a Honduras y Guatemala y ya en nuestra frontera sur fue cuestión de semanas para que ingresara al país.
La pregunta es, ¿por qué cruzó tan rápido Centroamérica? Aquí intervinieron varios factores que muchos han llamado la “tormenta perfecta”, ya que se combinaron elementos como el cambio climático, la evolución de la mosca Cochliomyia hominivorax y el paso de ganado sin inspección.
Recordemos que el gusano barrenador, en su fase larval, encuentra refugio en las lesiones abiertas y, al no ser visibles de inmediato, acompañan al animal durante cientos de kilómetros.
A esto podemos sumar el transporte inadecuado, es decir, vehículos que no son limpiados adecuadamente pueden albergar larvas y, desgraciadamente, las políticas de sanidad e inocuidad de algunas naciones de América Central son deficientes en cuanto a presupuesto y protocolos, lo que facilita la propagación.
Es interesante traer aquí el comentario de Yazmín Alcalá Canto, profesora del Departamento de Parasitología de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, quien señala que en el regreso del gusano barrenador del ganado ha influido el cambio climático, pues las temperaturas elevadas favorecen la reproducción de la mosca.
Además, la experta destaca en particular la adaptación de la mosca, ya que ahora las hembras detectan a los machos estériles mediante feromonas y los rechazan, disminuyendo así la eficacia de los controles biológicos.
Así, la mosca Cochliomyia hominivorax se propagó hacia Panamá y el resto de las naciones centroamericanas debido a factores climáticos, deficientes controles sanitarios y, por supuesto, el aumento del flujo migratorio.
El método de control que ha mostrado mayor éxito es la técnica del insecto estéril, que consiste en la crianza y liberación de millones de moscas macho que previamente fueron esterilizados por medio de radiación.
En 1972, México implementó un programa para la erradicación, basado precisamente en esta técnica, dicho programa se llevó a cabo en colaboración con Estados Unidos y países de Centroamérica. Como resultado, en 1991 se logró la erradicación oficial del gusano en nuestro país.
Hoy, el Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum trabaja para controlar y erradicar esta plaga, en una estrategia de colaboración internacional y con el uso de la ciencia y técnicas tradicionales, y de la mano siempre de las y los ganaderos de nuestro país.