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  • hace 11 horas
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Jesse Jackson, hoy

Jesse Jackson, hoy

Por Emerson Segura Valencia

"Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí."
(Isaías 6:8)
Antiguo Testamento de la Biblia

Frente a la vorágine trumpiana que no da tregua discursiva ni mediática, vale la pena reparar en los momentos de claridad y empatía en los tiempos que corren. El pasado 6 de marzo, durante el funeral de Jesse Jackson, activista por los derechos civiles y posiblemente una de las figuras más destacadas de la izquierda estadounidense en el siglo XX y lo que va del XXI, el expresidente Barack Obama pronunció un poderoso discurso en la ciudad que vio crecer políticamente a ambos: Chicago.

En una mezcla de referencias religiosas, históricas y personales, Obama recordó la importancia del reverendo Jackson para la lucha por los derechos civiles; la organización colectiva a través de la creación de Operation PUSH —que después se convertiría en Rainbow PUSH Coalition— en favor de las minorías; así como su papel en la expansión de la democracia estadounidense.

Jackson formó parte de la generación que vivió la brutal segregación racial de la era de Jim Crow en el sur de Estados Unidos. Nació en la zona más deprimida de Greenville, Carolina del Sur. Su madre, Helen Burns, fue expulsada de su iglesia bautista local después de quedar embarazada a los 16 años.

Obama, hijo también de madre soltera, rememoró cómo, a sus 22 años, lo marcó ver a Jackson participar en el debate de las primarias demócratas en televisión, junto a Walter Mondale y Gary Hart, en 1984. “Cuando ese debate había terminado, apagué esa televisión y pensé lo mismo que sé que mucha gente pensó esa noche, incluso si no querían admitirlo: que, en sus ideas, en su plataforma, en su análisis, en su inteligencia, en su visión, Jesse no solo se había mantenido. Él había sido dueño de ese escenario. No era un intruso, no era alguien que pretendía… él pertenecía a ese escenario… él allanó el camino para que muchos otros lo siguieran”.

Jesse Jackson hizo historia cuando se presentó como candidato a la nominación demócrata a la Casa Blanca en 1984 y 1988. Si bien ninguna de las dos campañas prosperó, ambas abrieron camino a futuras candidaturas afroamericanas, como la de Douglas Wilder, quien se convirtió en el primer gobernador afroamericano electo en la historia de Estados Unidos en 1989 al ganar la gubernatura de Virginia, o la del propio Obama, que dos décadas después llegaría a la presidencia.

Jackson también mantuvo una estrecha relación con Martin Luther King Jr. y formó parte de su círculo cercano, acompañándolo hasta los últimos días de su vida, cuando el líder de los derechos civiles fue asesinado en el motel Lorraine en 1968. Esos fueron algunos de los pasajes que Obama evocó para reivindicar la mejor tradición progresista, multicultural y de resistencia civil de la segunda mitad del siglo XX.

Así, cerró su discurso con una referencia a los tiempos oscuros por los que atraviesa hoy la democracia estadounidense. “Estamos viviendo en una época en la que puede ser difícil tener esperanza. Cada día nos despertamos con un nuevo ataque a nuestras instituciones democráticas, otro revés a la idea del Estado de derecho, una ofensa a la decencia común. Todos los días te despiertas con cosas que simplemente no creías que fueran posibles… (…) por todas partes vemos cómo la codicia y la intolerancia son celebradas, y cómo el abuso y la burla se disfrazan de fortaleza. Vemos cómo la ciencia y el conocimiento son despreciados, mientras la ignorancia, la deshonestidad, la crueldad y la corrupción cosechan recompensas incalculables”.

La actual administración parece poner en duda el legado de Jesse Jackson y de quienes, como él, nacieron en el Sur segregado, ayudaron a forjar la era de los derechos civiles y continuaron luchando hasta el final. Jackson fue un hombre adelantado a su tiempo que abrió camino para generaciones de progresistas que vendrían después. Sus campañas sembraron incluso las bases de una agenda política que hoy reconocen figuras como Bernie Sanders, quien lo apoyó en sus candidaturas presidenciales, o Zohran Mamdani, representante de una nueva generación de líderes urbanos en Estados Unidos.

Pero Jackson fue mucho más que una figura del movimiento afroamericano. Fue un crítico del imperialismo estadounidense y un firme creyente en la solidaridad entre los pueblos oprimidos, así como en los derechos de la diversidad. Defendió la normalización de las relaciones con Cuba, denunció el apartheid en Sudáfrica y alzó la voz por los derechos del pueblo palestino.

Hoy, la voz de Jesse Jackson vuelve a resonar en un momento complejo para la sociedad estadounidense. En tiempos incendiarios, el recordatorio de Barack Obama no solo honra su memoria: también dignifica la historia y las causas que ayudaron a transformar al país.